¿Qué es exactamente vivir en el presente?

—¿Qué día es? —preguntó Pooh
—Hoy —contestó Piglet
—¡Mi día favorito! —dijo Pooh

A. A. Milne

 

¿Pero cómo voy a vivir en el presente? Tengo familia, y un trabajo. Tengo sueños y metas. Si no dedico tiempo a pensar en el futuro, todo podría desmoronarse…

Cierto, nuestro mundo está gobernado por el tiempo. Tenemos horarios de entrada y salida, de apertura y cierre; tenemos fechas límite y tiempos estimados…

Y además, pensar en el pasado me ayuda a aprender de mis errores. A no tropezar con la misma piedra…

Sí, sí, déjame hablar…

Cuando en la meditación decimos que debes centrarte en el presente, es normal que esto genere una contradicción con el conocimiento previo que tienes.

Al fin y al cabo, gracias al tiempo tenemos noción de dónde estamos, dónde estábamos y dónde estaremos. Nos ayuda —como dices— a aprender de los errores y a esperar por un futuro mejor.

¡Claro que sí, eso es!

Hoy vengo a hablarte de por qué esa idea del tiempo es equivocada. Sigamos.

 

Por qué el pasado y el futuro no importan

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Ese titular me acaba de costar unos cuantos lectores. Pero tú, mente crítica y curiosa, sigues aquí. Bien.

Ya que no te has ido, te diré más: no sólo no importan, sino que son peligrosos.

Tendemos a vivir en un constante vaivén entre ambos. Pasado y futuro. Es como estar en una pequeña barca que se escora de un lado a otro, en medio de una tormenta furiosa, incapaz de mantenerse en el centro.

Ese mar embravecido es nuestra mente. La pequeña barca, nuestra conciencia.

En un momento estamos arrepintiéndonos por algo que hemos hecho —tal vez años atrás— o recordando algún suceso ridículo, y al siguiente estamos preocupándonos por nuestro futuro, o incluso fantaseando con él.

Mientras tanto, y sin darnos cuenta, le estamos robando toda la fuerza a lo único que está disponible para nosotros. Lo único que puede hacernos avanzar, crecer y prosperar.

El presente.

Lo que pasa es que la mente cae rápido en el juego. Es como una droga. Tan increíblemente adictiva que nos tiene a prácticamente todos enganchados. Hasta el punto de que se ha convertido en algo normal.

Porque, reflexionemos… ¿Alguna vez te ha pasado algo fuera del presente?

Quiero decir —y ya sé que suena muy filosófico—, que todo lo que te ha sucedido en el pasado, en realidad fue en un momento del presente. Y todo lo que te sucederá en el futuro es, en realidad, una sucesión de momentos presentes que aún no se han manifestado.

El resto, pasado y futuro, son una ilusión.

Por eso mismo, tenemos que aprender cuál es su verdadera importancia . Y el problema está en que les damos demasiada.

Vivir en el presente significa que uno comprende la practicalidad de recordar sucesos pasados o de anticipar sucesos futurospero no se queda atado a ellos.

Y este es el problema que tenemos todos. Vayamos más allá de la mera utilidad y drenamos las fuerzas del presente para seguir alimentando esas fantasías. En este sentido, pasado y futuro deben no importarte.

No quiero que entiendas que no debes prestarles ninguna atención, sino que nunca los pongas por encima del momento presente.

 

Ambos crean dolor y sufrimiento

Nuestro ego está constantemente hambriento. Se alimenta de las fantasías que la mente crea; de ese futuro próspero e idílico que imaginas. Y el ego de los demás se alimenta de nuestros errores y nuestras debilidades.

Todas esas cosas nacen en el pasado y el futuro, y todas mueren en el presente.

Todos alguna vez hemos sentido esa alegría perversa en echar en cara los errores de otra persona; en recordarles a los demás con detalle las cosas que han hecho mal. Todo para henchir nuestro propio ego y ponernos por encima.

Y claro, no nos gusta que hagan lo mismo con nosotros, pero aún así, seguimos librando esta guerra sin sentido todos los días, casi sin darnos cuenta.

Dale menos importancia al pasado. Entiende que lo único que verdaderamente tienes es el ahora, supera tus errores y los de los demás y sigue adelante.

Del mismo modo, acepta que el futuro es incierto, y que la forma más efectiva de predecirlo es, paradójicamente, centrándote en el presente.

El futuro puede ser peligroso si te recreas en él. Lo que te da con extrema facilidad, te lo quita con rapidez. Esa sensación de decepción que tenemos cuando las cosas no van como las planeamos nos drenan las fuerzas.

De nuevo, volvemos a la practicalidad. Piensa en el futuro sólo como una herramienta para anticiparte, no para imaginar cómo va a ser tu realidad, porque ésta solo la puedes modificar aquí y ahora.

 

Cómo vivir en el presente

 

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Aprende a ignorar tu mente.

Ya hemos hablado del concepto de que “no somos nuestra mente”. La mayoría de pensamientos que tenemos a lo largo del día (que no son especialmente pocos) son generados aleatoriamente por nuestro cerebro a partir de sucesos y recuerdos, todos con el objetivo de captar nuestra atención.

Vivir en el presente no solo significa ser consciente del momento, sino observar lo que hace tu mente de forma ecuánime. La sensación es como si fuéramos el observador y el observado al mismo tiempo.

Pero recuerda, sin juzgar y sin opinar. Sólo observa cómo fluyen los pensamientos; al igual que alguien que se sienta a la orilla del río y observa cómo el agua fluye por su cauce.

Siempre que te conviertas en el observador, notarás que cualquier pensamiento que tuvieras en ese momento pierde fuerza, que de alguna manera ya no forma parte de ti. Es como si pillaras a tu mente en medio de una travesura, con las manos en la masa.

De repente, has alcanzado un nivel superior de conciencia. Despersonalizarte totalmente de un pensamiento te libera de su atadura. Pierde efecto sobre ti.

Este es un factor muy importante a la hora de desarrollar nuestra capacidad para permanecer en el presente. El mismo momento en el que te identificas con un pensamiento y no estás en modo observadorya has perdido. Tu mente se ha apoderado de ti.  

Al principio, serán pocas ocasiones en las que te conviertas en el observador, pero con el tiempo, esos momentos irán haciéndose más frecuentes y duraderos. Evidentemente, la forma más directa de conseguirlo es llevar el estado de atención que uno tiene meditando a la vida diaria, de manera consciente.

 

Las emociones también son peligrosas

Del mismo modo que no somos nuestra mente, tampoco somos nuestras emociones.

¿Y qué caraj* somos entonces?

Esa pregunta anima a reflexionar, ¿Por qué solemos dar por hecho que somos lo que pensamos?

Como dijimos antes, la mente genera contenido aleatorio en base a experiencias previas, que pueden tener poca o ninguna relación con nuestra identidad. ¿Por qué nos identificamos con ellos?

La respuesta es sencilla: porque esos pensamientos vencen a la conciencia. Son tan envolventes que nos atrapan; nos arrancan del estado de observadorDel mismo modo pasa con las emociones.

Al igual que los pensamientos, las emociones intentan apoderarse de nosotros, manipular nuestra voluntad. Y cuando lo consiguen, no convertimos temporalmente en ellas. La única razón por la cual lo logran es por falta de conciencia por nuestra parte, por falta de atención en el presente.

Y lo que es peor: cuanto más te identifiques con tus pensamientos, mayor será la carga emocional. Esto es, a menos tiempo estés en el presente, consciente y en guardia, más débil te harás ante tu mente y tus emociones. Más fácilmente podrán tomar el control sobre ti mismo.

 

Concéntrate más en tu cuerpo

La mente es responsable de todo el dolor que sufrimos. No es de extrañar que cualquiera con un mínimo de conciencia no la considere de fiar.

¿Cómo podemos entonces escucharnos a nosotros mismos?

Concentrándonos más en el cuerpo. Tu cuerpo ya era mucho más sabio que tú incluso antes de que pudieras articular una frase con sentido. El problema es que hay que saber interpretar sus señales.

Si has padecido situaciones prolongadas de estrés, ansiedad o alguna emoción similar, seguramente alguien te habrá dicho algo como: Si no te detienes tú, tu cuerpo lo hará por ti. A diferencia de la mente, él sabe cuándo hay que decir basta.

Paradójicamente, escuchar al cuerpo es el camino para entender a la mente. Ésta puede decir misa, pero siempre pone filtros, excusas, cortinas de humo. Pero el cuerpo no sabe mentir. Te dirá exactamente lo que hay; así que si de verdad quieres saber qué pasa por tu mente, pregúntale a tu cuerpo.


Hábito a desarrollar: Cada cierto tiempo, hazte la pregunta: “¿Qué pasa dentro de mí en este momento?” Y escucha únicamente a tu cuerpo. Si por casualidad te encuentras enfadado, ansioso o irritado, esfuérzate por sentir la emoción, sin juzgarla, y haciendo caso omiso a la mente. Verás como esta simple observación del cuerpo te libera de la tensión. Haz esto tantas veces en el día como sea posible.


 

Vivir en el presente no es una manera de evitar el dolor

 

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El que entienda que vivir en el presente significa suprimir los traumas del pasado y las preocupaciones del futuro, está completamente equivocado. Esto nunca suele ser buena idea.

Vivir en el presente es prácticamente lo contrario. El primer paso es aceptar que emociones como la tristeza, el sentimiento de pérdida o el dolor son naturales. Lo único que consigues suprimiéndolos es alentarlos a que se hagan más fuertes. Estará empeorando el problema.

Entonces, ¿Cuál es el enfoque adecuado?

Debes darte cuenta de que la mayoría del dolor que sientes es invención tuya. Es tu mente, volviendo una y otra vez a lo mismo, carcomiéndote por dentro.

Pero cuando experimentamos un dolor real e inevitable, como puede ser la pérdida de un ser querido, tenemos que aceptar ese dolor. Tenemos que observarlo y dejarlo entrar, si quiere. En eso consiste vivir en el presente.

Te oigo decir: ¡Pero es que yo no quiero dejar entrar ese dolor en mí, lo que quiero es librarme de él!

¡Precisamente esa es la solución! Observar sin juzgar. ¿No te suena? Entrenamos la ecuanimidad cuando estamos meditando. Por eso lo hacemos. Esta es la única manera de evitar un sufrimiento innecesario.

Ese dolor seguirá consumiendo tus fuerzas tanto como tu mente piense que es una amenaza para ti. Es contradictorio, pero así es como funcionamos. Tu cerebro vela por tu supervivencia, así que no vacilará ni un segundo cuando se trate de recordarte lo que es “peligroso” para ti.

Por tanto, la única manera de librarte de ese sufrimiento, no es evitarlo, sino sumergirte en él. Enseñarle a tu mente que no supone un peligro para ti. Sólo entonces empiezas a sentirte liberado. Sólo entonces empiezas a ser dueño de tus pensamientos.

3 comentarios en “¿Qué es exactamente vivir en el presente?

  1. Muy interesante! Lo más importante es Vivir en el Presente Absoluto y Totalmente; Mente Total en Alerta con el Ahora! Lo demás No Hace Falta!

    Gracias por el Articulo!

    Radamés Grilet

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