Por qué un “entorno tentador” consume secretamente tu fuerza de voluntad

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Antes de internet, cuando había que pagar tinta y papel para difundir información, a Benjamin Day se le ocurrió una forma de abaratar costes.

No sabía que estaría creando uno de los “entornos tentadores” de la era moderna.

Benjamin logró bajar el precio de sus periódicos a 1 centavo de dólar

El plan era el siguiente: en vez de llenar toda la página con noticias—la parte que le interesa al lector—dejaría algunos espacios vacíos. Y esos espacios vacíos los vendería a empresas y negocios para que coloquen sus anuncios ahí.

Para nosotros, cosmopolitas modernos, la publicidad es una forma obvia de monetizar, pero aquí estamos hablando de la Nueva York del siglo 19.

Benjamin cubría sus costes de producción con los anunciantes, lo que le permitía bajar los precios a costa de crear un “entorno tentador” para el lector.

¿Y por qué digo que estos periódicos con publicidad eran un “entorno tentador”?

Porque el lector del periódico lo compra por las noticias. Y empieza leyendo esa parte—pero, oh, un anuncio colorido y llamativo entra en su campo visual.

Y los ojos empiezan a rebotar como pelota de tenis: anuncio, noticia, anuncio, noticia.

Las noticias están rodeadas de otras cosas que le tientan a dejar de leer para comprar lo que se anuncia.

La diferencia de precio la estás pagando con tu fuerza de voluntad

La fuerza de voluntad es tu habilidad para inhibir las inclinaciones naturales de tu cerebro, para controlar tu comportamiento. Cada vez que tus ojos se van hacia un anuncio, tienes que hacer el esfuerzo consciente de redirigirlos a la información.

Pero tiene un precio: combustible metabólico. Glucosa y oxígeno que se agotan un poquito con cada decisión consciente.

Ahora piensa en todas las tentaciones que hay en tu entorno

Te has propuesto perder peso, pero tienes todos esos snacks salados con sabor a queso en la despensa.

Quieres levantarte más temprano, pero dejas al lado de la cama un despertador con un botón de “posponer”. Cinco minutos más… cinco… cinco… cinco….

Y quieres ponerte con ese trabajo de la universidad, pero tienes el maravilloso mundo de internet y su infinito abanico de entretenimientos a distancia de click.

Todo tu entorno está repleto de tentaciones—y te están costando mucho más de 1 centavo

Tu entorno es como un periódico que está repleto de anuncios. Tú quieres acceder a la información, pero está dispuesta de forma que tienes que sortear un montón de obstáculos.

Y con cada obstáculo que saltas, te cansas un poquito. Y un poquito más. Y otro poquito más. Y el combustible metabólico no es infinito.

Si estás en un entorno tentador, adivina en qué te gastas todo ese combustible

En inhibir los impulsos y antojos que provocan las tentaciones.

Tú quieres esa fuerza de voluntad para terminar un informe, vaciar tu bandeja de entrada, leer un libro, o hacer deporte.

Pero cuando toca hacer esas actividades, estás en reserva. Así que solo te queda fuerza para rendirte a aquellas cosas que has intentado evitar todo el día.

¿Y qué haces si tienes que trabajar con las mismas cosas que te tientan?

¿Como cuando yo tengo que hacer una investigación en internet para un artículo—exponiéndome a internet y sus tentaciones?

Te diré lo que hago: reconectar con mi propósito. Cada vez que quiero rendirme a las tentaciones, me pregunto, ¿por qué quiero cumplir esta tarea? ¿Qué me motivó a hacerla en un principio?

Quiero investigar para este artículo porque tengo un compromiso con mi proyecto. Porque quiero mejorar mis habilidades de escritura. Porque quiero aprender, cuestionar lo que sé, perfeccionar mis habilidades.

¿Dejarte vencer por las tentaciones es lo que quieres?

No. Quieres leer las noticias del periódico, no los anuncios.

Al final, las tentaciones consumen fuerza de voluntad porque “tientan”, porque las consideras como una actividad alternativa a lo que haces ahora.

No te des esa elección. Porque, si tienes un propósito claro, en realidad no hay ninguna alternativa.

Así que, resumiendo:

1) Tu fuerza de voluntad es un recurso, que se gasta a medida que lo usas. Solo tienes una cantidad muy limitada por día.

2) Cuando tu entorno está repleto de tentaciones—estímulos que te roban la atención—tienes que consumir fuerza voluntad para mantener el control. No te das cuenta, pero tu fuerza de voluntad se va gastando poco a poco.

3) Si tu entorno tentador te roba la fuerza de voluntad, ya no te quedará suficiente para trabajar, concentrarte, ser consistente con tus metas, y progresar día a día. Lo peor es que ni siquiera sabrás por qué: sentirás que no tienes ganas de nada y le echarás la culpa a la motivación.

4) Elimina todas las tentaciones que puedas de tu entorno. No te pongas en una situación en la que tengas que elegir entre tus obligaciones y una tentación. Y cuando no te quede más remedio que enfrentarte a las tentaciones, no te olvides de cuál es tu propósito.

¿Sigues leyendo?

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He preparado para ti un entorno sin tentaciones, sin elementos externos que puedan atrapar tu atención. Y eso hace que te sea más fácil y agradable leerlo hasta el final, que es para lo que habías entrado en un principio.

¿A que dan ganas de quedarse?

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2 comentarios en “Por qué un “entorno tentador” consume secretamente tu fuerza de voluntad”

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