Una de las primeras metas que me propuse fue tener un piano de cola en el salón

Tenía 17 años, acababa de leer un libro de Jim Rohn—mi primera toma de contacto con el desarrollo personal—y actué sobre el único consejo que recordaba:

Escribe tus metas.

El resto de metas iban por la misma onda. Era normal, no sabía qué hacer con mi vida. Esas metas me daban algo parecido a una dirección, pero nada semejante a un propósito.

Cuando se trata de desarrollo personal, nos hemos quedado en la partitura. Me gusta aprender a pasar de la partitura al concierto. De la información teórica a la habilidad práctica.

Me dediqué al piano por más de una década (pero lo que aprendí no tuvo nada que ver con la música)

Para aprender una obra al piano primero hay que dividirla en pequeñas secciones. Hay que practicar esas secciones por separado.

Luego hay que equivocarse cientos y cientos de veces. Es como si los dedos tuvieran que ir eliminando una a una todas las posibles formas de hacerlo mal.

Y entonces, inevitablemente te queda la forma de hacerlo bien.

Cualquier área de aprendizaje funciona así: no es una cuestión de talento, sino de estrategia.

La incertidumbre era causa de mucho estrés, así que me di al peor vicio de todos para aliviarla

La lectura.

Cayó de todo: empecé con los típicos de organización y desarrollo personal, pero se repetían mucho entre ellos, como si uno hubiera hecho la tarea y el resto se hubiera copiado.

Inevitablemente, me sumergí hasta los académicos. Pasé por neurociencia, filosofía, y varios primos de la familia de la psicología: cognitiva, evolutiva, conductual…

En general, cualquier cosa que me ayudara a comprender por qué Jim Rohn me había fallado con aquello de ponerse metas.

No soy neurocientífico, ni psicólogo, ni cirujano de cohetes

Y si a ti te funciona acudir a ellos, acude a ellos, por supuesto.

Acudir a los súper-expertos es muy inspirador y educativo—cuando eres aficionado al deporte intelectual, como yo. Pero a la hora de transformar todos esos conceptos académicos y estudios conductuales en algo aplicable a la vida real, necesitamos otra cosa.

Necesitamos claridad. Ir a favor de los principios fundamentales del aprendizaje. Convertir lo infumablemente complejo en estrategias simples de entender y aplicar.

A la hora de comer, siempre preparo la misma receta

Yo la llamo: ensalada ad libitum.

Ensalada ad libitum para almorzar, para cenar, para almorzar, para cenar—desayunos no hago, por aquello del ayuno intermitente. La ad libitum me ahorra tiempo, dinero, y el combustible metabólico que gastaría en pensar “¿Qué hago para comer hoy?”

¿Que si hecho de menos los dulces, la pasta, o los cereales? Nah. Tengo una filosofía de alimentación muy estricta, pero hace mucho que dejó de ser una dieta.

Pasado este punto, vas a tener que ser más específico

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Un abrazo,

Lau