Aprende a apreciar los pequeños detalles y tómate un respiro

Cuando no se encuentra descanso en uno mismo, es inútil buscarlo en otra parte

François de la Rochefoucauld

 

¿Qué es lo primero que haces nada más despertarte?
¿Abres la cortina para comprobar el tiempo, quizá?
¿Lees? ¿Meditas? ¿Desayunas? ¿Te lavas la cara?

No, probablemente no sea ninguna de esas cosas. Yo te diré lo primero que haces cuando te despiertas:

Mirar la hora.

En toda la historia de nuestra existencia, el tiempo nunca ha cobrado tanto protagonismo como en nuestros días. Y eso es porque somos increíblemente buenos midiéndolo. Nos hemos convertido en sus esclavos.

Esto ha hecho que vivamos nuestras vidas sumidos en un letargo, esperando a que llegue el siguiente gran momento. Ya nos hemos olvidado de detenernos y contemplar los pequeños detalles que hay en nuestra vida.

La medición (y comercialización) del tiempo fue el pistoletazo de salida a una carrera que no tiene fin. Y de la que debemos aprender a separarnos de vez en cuando. Hoy te cuento por qué.

 

Los inconvenientes de una vida frenética

No estamos diseñados para el estilo de vida contemporáneo. Y aunque, si bien ha traído sus ventajas, estamos provocando un desbalance en nuestro interior, casi sin darnos cuenta.

Estamos demasiado ofuscados en llenar nuestras agendas como para darnos cuenta de que estamos pasando por alto el increíble poder que tienen la quietud, la calma y los pequeños detalles sobre nosotros.

 

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El ajetreo y la vida frenética empeoran nuestra salud

¿Cuándo fue la última vez que disfrutaste de una comida recién hecha, cocinada por ti mismo, y con ingredientes de calidad?
¿Y cuándo hiciste ejercicio por última vez?
¿Cuántas horas has dedicado a algo que te gusta esta semana?

Si contestaste afirmativamente a todas, espero que seas consciente de la suerte que tienes.

Porque el resto de los mortales probablemente no tengan tanta fortuna. La mayoría de las personas ya han vendido todo su tiempo y se han convertido en esclavos de sus propias jornadas.

Y es que, con la velocidad, el tiempo gana valor. Y de repente ya no vale la pena salir a correr, o leer un libro, porque hay cosas que hacer. Empezamos a dejar de lado todo lo aparentemente prescindible, lo que no nos aporte valor ahora, o lo que no nos retorne la inversión de tiempo que hemos gastado de inmediato.

No nos damos cuenta de que eso prescindible que estamos tirando por la borda, somos nosotros. El cuidado de uno mismo siempre suele ser lo primero de lo que nos deshacemos.

 

Tomamos peores decisiones

Seguro que has sentido que las cosas empiezan a ir mal cuando el ritmo te supera. O el haber notado que el instinto te pide tiempo cuando te enfrentas a una decisión importante. Aquello de consultarlo con la almohada.

El cuerpo nos está pidiendo que bajemos el ritmo, porque la velocidad nos nubla el juicio.

Los mejores momentos que he pasado y las mejores ideas que he tenido nunca, han sido siempre durante el “tiempo libre”. Era tiempo que no estaba midiendo, un tiempo que, en apariencia, no tenía ningún valor.

Porque no había prisa. ¿Qué importancia tiene el tiempo cuando tienes todo el del mundo?

Por el contrario, las peores decisiones que he tomado han sido cuando me he ofuscado en pensar: Necesito una idea. Se me tiene que ocurrir algo YA porque se me acaba el tiempo.

Craso error.

Cuando pensamos rápido lo hacemos de una manera analítica. No cubrimos todos los puntos de vista porque nos movemos de una forma lógica, lineal.

Mientras que si pensamos con calma, lo hacemos creativamente. Al tomarlo con calma y estar relajados, tenemos acceso a una perspectiva más amplia, lo que nos permite abordar una materia desde diferentes enfoques. Lo que resulta en una decisión mucho más elaborada y profunda.

 

El exceso de experiencias nos termina aturdiendo

Paradójicamente, el frenesí de la vida hace que pasemos por alto un montón de cosas. El hecho de tener tan bien medido y esquematizado cada minuto de nuestro día hace que, en esos pequeños momentos de quietud, los perdamos fantaseando con el futuro.

La cultura de hoy en día tampoco ayuda. Nos venden que la libertad es tener experiencia tras experiencia, recuerdo memorable tras recuerdo memorable, y nos prometen que eso nos hará felices.

Pero muchas veces estar siempre a tope pasa factura. ¿En qué se convierten los instantes de quietud, de calma, cuando pasamos todo el tiempo buscando adrenalina y excitación?

Tenemos que entender la importancia del balance. Detenerse, contemplar y apreciar los pequeños detalles puede ser tan intenso como una vuelta al mundo. Sólo tienes que saber cómo apreciarlo.

Una vida de continuo frenesí te aleja de lo cercano. De lo que te rodea. Te genera una dependencia a la constante estimulación, lo que deriva en un sentimiento de infelicidad e insatisfacción.

¿Por qué? A causa de la naturaleza volátil de esos momentos. Te vuelve profundamente insatisfecho, constantemente en busca de estímulos cada vez más grandes; cada vez más ansioso por recibir tu chute de vitalidad.

Así que te animo a que reserves tiempo y lo dediques a olvidarte de él. Ocúpate de tu existencia, de lo que te rodea. No pidas nada, simplemente sé consciente de los pequeños detalles.

No necesitas nada más.

 

Cómo apreciar los pequeños detalles

Saber detenerse, en cualquier momento y lugar, justo cuando nuestro cuerpo nos lo pide, es un gran paso hacia una vida consciente y plena.

 

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Presta atención y valora cada momento

Te aseguro que puedes encontrar algo fascinante en cada instante. Algo increíble se esconde tras cada suceso aparentemente mundano. La importancia radica en si nosotros seremos capaces de percibirlo o no.

Y créeme, a mi tampoco me hacen especial gracia las tareas rutinarias de la casa, por ejemplo. Precisamente, el problema es que nos quedamos atrapados en la rutina y caemos en un embotamiento mental en el que empezamos a dar por sentado todo lo que nos rodea.

Y no sólo las cosas materiales: todos terminamos por obviar incluso a nuestro círculo social más cercano, nuestra familia, y odiamos pensar en la idea de que mañana podría suceder algo que cambiase esa situación para siempre.

Lo único que tenemos a nuestra disposición es el ahora. No lo desperdicies con películas mentales, imaginando cosas que nunca serán verdad, o preocupándote por cosas del pasado.

Deja a un lado el tiempo y los horarios por un momento. Aprecia lo que tienes hoy, ahora; y vívelo intensamente. Y conforme pasen los días y las semanas, ve alargando esos momentos de atención a los pequeños detalles hasta que sea algo natural para ti.

 

Aléjate de tu mente

No necesitas un manual. Aléjate de tu mente, tus pensamientos y tus emociones por un momento. Disóciate de todo y concéntrate en tu cuerpo, en el presente. Puedes hacerlo ahora mismo.

Respira hondo, y sé consciente de tu respiración, de tus pies contra el suelo, de la temperatura ambiente. De tu cuerpo y de lo que sea que haya en él en este momento.

Este momento es lo único que tienes. Ni los horarios, ni tus pensamientos, ni siquiera el omnipresente y todopoderoso Tiempo pueden arrebatártelo.

A modo de ejercicio, intenta recordar al final del día todas las cosas que has pasado por alto:

A podido ser el sabor del café matutino.
El que hoy hiciera buen tiempo.
O un abrazo con tu madre.

Lleva la conciencia a los pequeños detalles de la vida. Se puede abordar el tema desde muchos puntos de vista, pero el objetivo siempre es el mismo: hacerte con el control absoluto de ti mismo.

 

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Concluyendo

Recordemos que el propósito de esta idea no es deshacerse del concepto del tiempo o despreciarlo por completo, es compensar el grave desbalance que solemos tener entre la velocidad frenética y la quietud.

Es sencillamente imposible que tu vida sea una continua sucesión entre momentos fascinantes, novedosos y memorables. Tienes que encontrar el equilibrio en la quietud, en los pequeños detalles que marcan la diferencia.

Al fin y al cabo, la vida es ese conjunto de momentos mundanos y corrientes que suceden mientras preparamos los grandes acontecimientos, así que nunca olvides respirar de vez en cuando, detenerte, y simplemente disfrutar de tu existencia.

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