Cómo gestionar y mantener la motivación de forma constante (incluso en los peores momentos)

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“No te molestes a ti mismo imaginando tu vida como un todo…”, escribe Marco Aurelio, último de los Cinco Buenos Emperadores de Roma.

“…no reúnas en tu mente los muchos y variados problemas que te han llegado en el pasado y que volverán en el futuro,…”

“…sino pregúntate con respecto a cada dificultad presente: ‘¿Qué hay en esto que es insoportable y más allá de mi resistencia?'”

Por algo se ganó el apodo de “el Filósofo”

Marco Aurelio dice que ignoremos los problemas del pasado, los problemas del futuro, y que enfrentemos cada dificultad con filosofía estoica.

“¿Qué hay de insoportable aquí?”

Si lo pones así, pues muy pocas cosas son realmente insoportables. Pero el problema a veces no es que algo sea insoportable para no estar motivados a hacerlo.

A veces tenemos frente a nosotros un problema que se dejaría dominar sin mucha resistencia. Y sin embargo nosotros no hacemos más que preguntarnos:

“¿Qué hay de beneficio aquí?”

Nuestra motivación es inestable, pero no porque nos enfrentemos a lo insoportable

Es sencillo: simplemente no tenemos suficientes razones para hacer ningún esfuerzo.

¿Pereza? Hmm, no exactamente.

Pereza es lo que sientes cuando ya es hora de salir a correr, porque te habías propuesto salir a correr temprano 3 veces en semana, pero notas que hace frío, está oscuro fuera, probablemente llueva…. ufff, qué pereza.

Pero la pereza es solo la emoción. Empezaste a correr porque reuniste suficientes razones para hacerlo. El problema es que en tu cabeza hay tantas (o más) razones para no hacerlo.

La balanza entre hacerlo y no hacerlo está equilibrada

Así que unos días percibes que te compensa el esfuerzo, y otros no.

Para ser constante, lo único que tienes que hacer es inclinar esa balanza. Así que, ¿cuál es el peso que inclina la balanza de un lado a otro?

Vamos a centrarnos en 3:

  • Estado emocional
  • Importancia percibida
  • Calidad de la rutina

Hay otros factores, por supuesto. Pero estos son pesos grandes. Si puedes controlar dónde se colocan, tendrás un nivel de motivación constante y controlable.

Empecemos por el estado emocional.

Existe esta creencia de que la motivación es una fuerza emocional

Y de que fluctúa con la misma facilidad que las emociones. Por eso conectamos lo uno con lo otro. Y porque ambos son igual de diestros a la hora de inventarse excusas.

Oh, es que ayer no dormí muy bien. Además, hacer deporte en ayunas es peligroso. Ya mañana empiezo sí o sí…

El estado emocional incorrecto aplasta cualquier indicio de motivación que pudieras tener. Nos hace creer que estamos siendo lógicos—y las excusas suenan, de hecho, lógicas—pero en realidad solo estamos distorsionando la realidad.

Es como hacerle caso a un chimpancé con gafas y bata de científico

Haga lo que haga, diga lo que diga, sigue siendo un chimpancé.

Obviamente, controlar a este chimpancé emocional el 100% de las veces es imposible. Pero lo que puedes hacer es estar atento a él, y percibir cuándo está influenciando tu comportamiento.

Entonces, ¿cómo minimizamos la influencia del estado emocional?

Aumenta la importancia percibida

Al final, ¿qué es más importante para ti? ¿Tener resistencia física y salud, o la comodidad de la cama y los placeres sensoriales del sedentarismo?

Pero no puedes quedarte con el conocimiento que ya tienes. No puedes “convencerte de más” con lo que ya sabes. Es evidente que con lo que sabes ahora no puedes inclinar la balanza. Tienes que salir al exterior en busca de más razones.

Así que lee artículos sobre el hábito que quieres adoptar, compra dos o tres libros, habla con gente que ya tenga ese hábito adquirido. Haz que la importancia de adquirir ese nuevo hábito sea mucho mayor.

El último factor es la calidad de la rutina

Siguiendo con el ejemplo de salir a correr:

¿Te levantas con suficiente antelación?

¿Preparas tu ropa de deporte el día anterior?

¿Eliminas cualquier posible resistencia (como ponerte el despertador al alcance de la mano)?

Mejorar tu rutina solo consiste en reducir los puntos de resistencia. A más resistencia haya entre tú y la acción que quieres tomar, peor es tu rutina.

¿Pero no habrá momentos en que, pase lo que pase, estemos completamente desmotivados?

Pero claro que sí. En este punto sí que puede ayudar la pregunta del emperador Marco Aurelio:

¿Qué hay en esto que es insoportable y más allá de mi resistencia?

Lo más seguro es que el culpable sea tu estado emocional. Así que cuando tu estado emocional te deje a cero, lo que te va a salvar van a ser los otros dos: percibir la verdadera importancia de tu objetivo, y tener una rutina optimizada para lograrlo.

No hay que ser emperador para acceder al poder de una motivación constante

Tampoco hay que adoptar el estoicismo. Solo hay que inclinar la balanza de prioridades.

Cuida de tu estado emocional. Aumenta la importancia de tu objetivo. Optimiza tu rutina y reduce la resistencia.

No te garantizo un imperio, ni un apodo de sabio como “el Filósofo”. Pero a lo mejor sí una motivación fiable y constante.

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