¿Cómo estableces metas y objetivos si no sabes a dónde quieres ir?

Brújula

A merced del viento en algún lugar del Atlántico Norte, navegan en un pequeño barco que no tiene GPS, ni motor, ni posibilidad de contactar con nadie por radio.

Las olas golpean contra la cubierta, empapándolos de agua helada y salitre. Está anocheciendo.

Y todo va según lo planeado

Cuando era tiempo de pillaje, los vikingos se subían al drakkar y se echaban a la mar. Sin GPS, ni motor, ni radio—como es obvio.

Pero de alguna forma conseguían viajar casi en línea recta los 2.500 kilómetros que separaban Noruega de Groenlandia.

No veían el destino final, pero sabían cuál era la dirección correcta

En 1948, entre las reliquias de un convento del siglo 11, se encontró un pequeño disco de madera con unas muescas. Se pensó que era un simple objeto decorativo al principio. Pero en realidad era una brújula.

Los vikingos usaban ese disco de madera junto con una piedra de espato, un mineral de doble refracción que permitía detectar la posición del sol incluso en un día nublado.

Con la refracción en el mineral de espato, llamado piedra solar, los vikingos podían situar los puntos cardinales en las muescas del disco de madera—llamado disco de uunartoq—y adivinar su posición.

¿Necesitamos nosotros ver el destino final para saber por dónde ir?

Nuestro día a día es como estar subido en un drakkar en medio del Atlántico Norte. Las olas golpean el casco, la lluvia empapa la cara, el frío cala hasta los huesos, ¿y para qué?

Si no nos marcamos una meta, un destino al que llegar, ¿entonces cómo sabemos hacia qué dirección nos conviene que sople el viento?

Pero, por otro lado, comprometerse a un rumbo nos aleja automáticamente de cualquier otra posibilidad, ¿y si terminamos en un lugar donde no queremos estar? No queremos comprometernos demasiado en una dirección, pero sí queremos tener cierta orientación mientras averiguamos cuál puede ser el destino.

Queremos algo así como conocer nuestro «norte»

Los vikingos no tenían sistemas complejos para orientarse. No había GPS, ni cartas de navegación. Utilizaban herramientas simples y principios simples.

Así que volvamos a lo simple. Si tuviéramos que designar nuestro «norte», algo a lo que podemos acudir en cualquier momento para adivinar el rumbo, ¿qué sería?

No puede ser algo cambiante, sujeto a circunstancias o antojos personales. Tiene que ser algo permanente, predecible. Algo que apunte a una dirección específica sin importar desde dónde se mire.

Lo más cercano que tenemos a un «norte» son nuestros valores

Nuestros valores ya influencian nuestro comportamiento en mayor o menor medida, pero esa influencia no siempre está clara. A veces está tapada entre la niebla del humor del momento y las circunstancias.

Lo que tenemos que hacer es amplificar esa influencia, igual que los vikingos amplificaban la luz del sol con la piedra solar.

Así que empecemos escribiendo esos valores

No hay que complicarse la vida aquí. No estamos haciendo un trabajo de adivinación. Además, ya tienes que tener alguna idea de cuáles son tus valores, ¿no?

Escribe 5 o 6 valores, los que creas más importantes para ti en este momento. Puedes escribir más, pero tampoco queremos desparramar nuestra atención por todos lados.

Un ejemplo:

  1. Presencia
  2. Habilidad
  3. Creatividad
  4. Perseverancia
  5. Simplicidad

Estos son los valores que yo considero más importantes—al menos en esta época de mi vida. No hace falta complicarlo: yo sé qué significan estas palabras para mí, no hay por qué escribir una tesis explicando qué significa cada uno.

Y ahora, establecemos un «rumbo a corto plazo»

Ya tengo una idea de lo que es mi «norte», así que el siguiente paso es decidir hacia dónde ir.

Los vikingos sabían que para llegar a Groenlandia con su drakkar tenían que tener el norte a su derecha. Así que eso es lo que vamos a hacer: no necesitamos planes sofisticados ni proyectos fabulosos. Solo necesitamos que la proa está orientada correctamente.

Siguiendo el ejemplo, en 1-3 meses espero completar lo siguiente:

  1. Presencia: Meditar mínimo 20 minutos diarios
  2. Competencia/habilidad: Practicar técnicas de memorización para aprender más rápido (y mejor)
  3. Creatividad: Estudiar hábitos de artistas y aplicar esos hábitos
  4. Perseverancia: Escribir 1000 palabras diarias
  5. Simplicidad: Aprender sobre minimalismo y tirar 1 objeto inservible por semana

Es importante hacer esta distinción:

Cuando digo «escribir 1.000 palabras diarias», el objetivo no es escribir mucho contenido de calidad para esta web. El objetivo es «aprender a ser perseverante». Lo que escriba en esas 1.000 palabras es irrelevante.

No tenemos los ojos puestos en los resultados, o en la ejecución, porque en este punto no estamos seguros de a dónde queremos ir.

Así que es vital mantenerlo simple, y dejar que tus valores te guíen.

Tus valores son una buena guía porque rara vez cambian de dirección

Son constantes y predecibles. Como el norte, como los vientos alisios, como la puesta del sol. Y tener algo constante y predecible es el secreto para orientarse en medio del océano.

Las metas y los objetivos son como el viento y las olas. Hoy son frenéticos, mañana están en calma. Hoy se mueven hacia el norte, mañana hacia el sur.

Tus valores representan lo que te importa a un nivel profundo, donde no es tan fácil meter la mano y hacer ajustes.

La verdad es que el destino no importa tanto como el siguiente kilómetro

Con una guía constante, los vikingos completaban viajes de 2.500 kilómetros por el medio del océano.

La mayoría de nosotros estamos a mitad de viaje, donde no tenemos ninguna referencia visual, donde los vientos soplan para cualquier dirección, y donde es casi imposible orientarse.

Así que, si no sabes cuál es tu rumbo, acude a lo simple. Deja que tus valores te guíen.

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