Bloqueados, sesgados y ciegos: por qué necesitamos aceptar nuestra limitada naturaleza

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Hace un siglo, cuando los gigantes del transporte eran el tren de raíles y el barco a vapor, a la gente no le cabía en la cabeza la idea de viajar surcando el cielo.

Las ideas de los hermanos Wright no tuvieron buen despegue. Estaban muy por delante de su época, así que no faltaban los escépticos.

En 1901 aseguraban que el hombre no volaría hasta dentro de 50 años.

Dos años después, los Wright estaban volando

Está bien, el hombre vuela. Pero ninguna máquina voladora—se dijo más tarde en 1908—volará nunca de Nueva York a París.

En mayo del 27, Charles Lindbergh pilotó su aeroplano en un vuelo sin escalas Nueva York-París.

¿Cómo podían no «ver» el potencial de la aviación?

Mientras los Wright imaginaban aviones, el resto pensaba en ponerle raíles a un barco de vapor

Tiene lógica: el tren de raíles dominaba la tierra, y el barco de vapor dominaba el océano, ¿por qué no juntar lo mejor de ambos mundos?

Al final no hubo ningún barco a raíles, y los Wright tuvieron razón. Pero no se puede culpar a la gente por su escepticismo, o por pensar que el barco de raíles era una mejor idea.

¿Por qué la gente decía «sí» a los barcos de raíles y «no» a los aviones?

Fácil. Los barcos y los trenes ya existían en la época. Era un concepto que un cerebro humano podía procesar. ¿Pero volar? Sí, claro, si te estallaba una dinamita en el pie volabas por los aires.

Nuestro cerebro está sesgado, bloqueado y ciego

Es una bola de tejido y fluidos orgánicos que reside en un único punto del tiempo y el espacio. El 99.9965% del espectro electromagnético es indetectable para él. Y cualquier frecuencia fuera del rango de 20 hercios—20 kilohercios, inaudible.

Nos estamos perdiendo reinos enteros de la realidad, y ni siquiera nos damos cuenta.

Por eso a principios del siglo 20 nadie imaginaba aviones, coches eléctricos o smartphones

Estos inventos ni siquiera cabían en la imaginación.

Lo que nuestro cerebro puede hacer es combinar dos cosas que ya conoce: barco a vapor + ferrocarril. Así que si nos piden predecir cómo será el futuro dentro de 20 años, nuestra predicción será una extensión de lo que ya sabemos.

Pero el avance tecnológico y social a menudo toma rutas que nos son imposibles de predecir. Esto es lo que da lugar a ideas e inventos que antes no éramos capaces ni de imaginar.

El cerebro tiene sus trucos para procesar el enorme torrente de información que percibe a cada segundo

Cuando echas la vista atrás, es obvio: volar > máquina para volar > avión de pasajeros > vuelos comerciales baratos. ¿A quién no se le hubiera ocurrido?

Pero si nos parece tan obvio es porque nos esforzamos en simplificar la realidad, para así poder interactuar con ella. Queremos darle un sentido a todo cuanto antes, generalizar sobre lo poco que sabemos.

Así que empezamos a usar pautas, reglas, marcos conceptuales…

Agrupamos nuestras múltiples opciones en sacos terriblemente simplistas: correcto o incorrecto, práctico o inútil, atractivo o desagradable, amigo o enemigo, placentero o doloroso…

Estas reglas simplifican la realidad y nos dan la sensación de que comprendemos el entorno. Pero también hacen que rechacemos las ideas que no encajan con esos marcos conceptuales.

La solución no tiene mucho sentido—y es un poco paradójica

Podemos sortear estas barreras si aceptamos que no podemos librarnos de ellas.

Exacto: resígnate a tus limitaciones.

Si te fueras a comer una tortilla hecha por un niño de cuatro años masticarías con cuidado, sabiendo que es muy posible que se le haya caído alguna cáscara de huevo dentro.

Nosotros percibimos la realidad con la misma habilidad que un niño haciendo tortilla por primera vez. No hemos desarrollado suficientes cualidades para navegarla de forma precisa, y sin embargo nos sobra la confianza en nuestras suposiciones.

No podemos librarnos de estas barreras, pero al menos podemos masticar con cuidado.

Algunos te dirán que ignorar tus limitaciones te ayuda a “desatar tu potencial”

¡Cómo les pasó a los hermanos Wright! Dos hermanos sin límites para soñar, de infinita ambición, perseverancia, creatividad…

Que tuvieron que soportar barbaridades como «El hombre no volará hasta dentro de 50 años», o «Ninguna máquina voladora volará nunca de Nueva York a París»…

Por cierto, ¿quién hizo esas predicciones?

Oh… Wilbur Wright. Y Orville Wright.

Humm… así que ellos estaban tan ciegos y sesgados como el resto. Los propios hermanos no pudieron predecir el potencial de sus ideas.

Nadie puede huir de sus limitaciones

Estamos para siempre bloqueados, sesgados y ciegos. Pero lo importante no es las cosas que nos perdemos por estarlo. Lo importante es qué vas a hacer con ese conocimiento.

Barcos a vapor con raíles… ¿a quién se le ocurre?

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