Los peores enemigos del meditador (y cómo evitarlos)

Algunos están dispuestos a cualquier cosa, menos a vivir aquí y ahora

John Lennon

El presente es un asco.

Estás sentado en la mesa, y frente a ti tienes un café rancio y una tostada requemada. Es temprano, muy temprano. Estás medio dormido, también.

Hay miles de lugares en los que preferirías estar antes que ahí (en la cama, por ejemplo).

¿Por qué tengo que estar atento en el presente si mi imaginación puede llevarme a cualquier sitio más interesante?

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Seguro que tú has pensado eso alguna vez. Yo lo he hecho (múltiples veces).

Pero luego te das cuenta de que deambular tu imaginación entre el pasado y el futuro sólo trae frustración, miedos infundados y, en última instancia, infelicidad.

Si bien practicamos meditación para que esto no nos suceda, nuestra mente nos pone muchas trampas, a veces casi imperceptibles, que entorpecen el camino; y si nos descuidamos, nos conducen al abandono.

Este no es un artículo para prevenirte de estas trampas, puesto que seguro te toparás con ellas. Mi objetivo es ayudarte a sortearlas con estilo. ¿Listo?

 

No querer meditar

Tan simple como aparentemente inofensivo.

¿Qué daño puede hacer que me salte una sesión o dos?

Así se empieza, amigo.

Lo que comienza con un “lo pospondré a esta tarde” o “mañana medito el doble y resuelto”, suele terminar siempre con “tengo muchas cosas que hacer hoy” o “si estoy atento en la vida cotidiana no hace falta meditar”.

Has perdido la batalla antes de que empezara.

Precisamente por eso este es, con diferencia, tu peor enemigo. Todos lo subestimamos y es el que provoca los daños más catastróficos.

 

¿Qué es lo que causa este problema?

Bueno, todos lo sufrimos en mayor o menor medida, aunque es cierto que ciertos factores pueden marcar la diferencia de una “molestia soportable” a un “obstáculo imposible”.

¿A veces te despiertas con tantas ganas de meditar como de clavarte una aguja en el ojo?

Te falta constancia y disciplina.

Durante la formación de casi cualquier hábito, siempre hay una fase en la que te resulta insoportable. Simplemente estás harto, tu cerebro no para de decirte “Ok, estuvo genial, pero ya es hora de que volvamos a la vida sencilla y confortable que teníamos antes“.

Abandonar en este punto es el camino fácil, ¿Pero sabes qué? Tu cerebro miente, sólo pone excusas para evitar adaptarse. Mantente firme y sortea la trampa.

Si no somos lo suficientemente constantes, nuestro cuerpo siempre, SIEMPRE, se resentirá. Has de tener suficiente fuerza de voluntad para traspasar ese punto de inflexión. Tú aún no lo sabes, pero el camino se allana más adelante. ¡Resiste un poco!

Buscar excusas fáciles del tipo “no tengo tiempo” es caer de lleno en el fango, y tú no quieres eso. En el caso más extremo, incluso un par de minutos de meditación real y bien ejecutada son suficientes para mantener la continuidad.

 

¿Qué soluciones tengo?

Como te dije, enfrentar a este enemigo de una forma inteligente puede facilitarte mucho las cosas. Veamos cuáles son las estrategias ganadoras.

 

| Comprométete

No te pongas a meditar porque sí. Busca un motivo, un por qué, que sea lo suficientemente fuerte como para mantenerte en el camino.

Escríbelo (escribir las cosas en papel tiene un poder sorprendente en uno mismo) y mantenlo a la vista, donde lo puedas ver todos los días.

Escribe con detalles y con sinceridad, de manera que fallar en tu objetivo implicaría fallarte a ti mismo. Pon presión sobre tus hombros, convierte tu compromiso en algo serio que quieres conseguir de verdad.

 

| Crea un plan antes de actuar

Ir a lo loco nunca es una buena opción. Si no estás preparado, te verás muy expuesto cuando la falta de ganas asome la cabeza.

Reserva un horario fijo todos los días por adelantado. Vete a dormir antes. Prevé posibles imprevistos y adáptate. Encuentra tu momento ideal.

El 80% del éxito de planear consiste en evitar que te pille el toro por los cuernos. Ve siempre un paso por delante.

 

| Busca un compañero

Formar un equipo con una o varias personas es condenadamente efectivo. La principal razón es que pones tu orgullo en juego.

Una rivalidad sana a menudo saca lo mejor de nosotros. Además, con un compañero siempre puedes compartir tus sensaciones, dar y recibir consejos… En este caso, el conjunto es más que la simple suma de las partes.

Además, no te sentirás solo en esto. Sentirás que formas parte de algo; que hay un objetivo común, y eso catapultará tu motivación y tus ganas.

 

| Vence la resistencia

La fase en la que todo te resulta insoportable y molesto puede llegar en cualquier momento. Depende de ti; hay personas que la sufren los primeros días, otros más tarde…

Pero sólo hay una cosa que debes tener en cuenta cuando llegue: solo has de pasarla una vez.

¡Exacto! Tu imaginación te bombardeará con todo tipo de excusas, todas perfectamente razonables, para que tires la toalla y vuelvas a tu vida anterior. Pero solo será una vez.

Cuando realmente se percate de que vas en serio, de que no hay vuelta atrás, entonces tu mente caminará contigo. Ese instante llega. Sé paciente y cíñete al plan.

 

Meditar como algo automático

Es posible que aquellos que superen el primer obstáculo satisfactoriamente se topen, tiempo después, con este.

Atención, porque esto ya es otro nivel. Automatizar la meditación no sólo te privará de todos sus beneficios, sino que estarás desperdiciando todo el tiempo que inviertas en ella.

Su peligrosidad no llega al punto del anterior, porque la manera de solucionarlo es bastante más sencilla, pero sí que es mucho más difícil de detectar por uno mismo.

 

¿Y a qué me refiero con “automatizar la meditación”?

Me refiero a meditar. Pero no meditar.

Me refiero a que tengas el hábito arraigado de sentarte todos los días, por un tiempo determinado, a una determinada hora, y dedicarte a pensar en tus cosas.

Nos sentamos y hacemos como que meditamos porque ya lo tenemos integrado en la rutina, pero no hacemos ningún esfuerzo consciente por meditar.

Lo hacemos como algo automático.

¿Y qué peligros tiene esto? ¡Pues que no estamos meditando! No estamos haciendo nada, solo nos sentamos ahí un rato a respirar y ya está.

En este estado, tampoco tratas de llevar la práctica a la vida cotidianaque es objetivo real de todo esto. En cambio, dejas que tu cabeza vaya a trompicones entre pensamientos, distracciones y preocupaciones, saturándote de basura mental.

Y luego le echas la culpa a la meditación y vas diciendo por ahí que es inútil…

 

¿Cómo evito llegar ese punto?

Este problema no es exclusivo de la meditación, se puede extrapolar a cualquier cosa. Ir al gimnasio y chequear tus redes sociales mientras corres en la cinta es síntoma de que no vas a mejorar tu forma física, corras los kilómetros que corras.

La clave es, añade una pizca de conciencia.

Cuando vas a sentarte a meditar, haz el esfuerzo de ser consciente de lo que estás a punto de hacer. Vas a entrenar la mente, no a repasar tus quehaceres diarios.

Intenta averiguar en qué punto estás, o cuál es la gravedad del mismo. Si llevas demasiados meses meditando “en automático” puede ser difícil encarrilar de nuevo tu técnica.

Un buen comienzo es identificar cuál fue el posible origen del problema.

¿Tienes un horario demasiado ajustado?
¿Llevas demasiado tiempo meditando sin ver resultados?
¿Crees que las sesiones son muy largas y tiendes a desconectar?

Después de este ejercicio, trata de encontrar una solución. Utiliza referencias, lee más, inspírate con las ideas y soluciones de otros (como estás haciendo ahora mismo, leyendo este artículo).

Por ejemplo, si tus sesiones son muy largas, trata de meditar menos, pero esforzándote más, y poniendo más atención a la técnica. O por el contrario, podrías dividir la sesión en dos momentos diferentes del día (si sólo estabas meditando una vez).

Tu imaginación es el límite.

 

Idealizar la meditación

Hay personas que simplemente necesitan un clavo ardiente al que agarrarse.

Puede ser cualquier cosa: un libro sagrado, un nuevo movimiento social, un deporte, … Y tan pronto como se adhieren, lo convierten en su única y “verdadera” religión.

Los extremos son peligrosos. Este tipo de personas jamás podría beneficiarse de una práctica introspectiva. La meditación fortalece a los fuertes, y debilita a los débiles.

Ya lo he mencionado antes, pero la meditación en sí no es milagrosa. No te otorga superpoderes. No es la respuesta a todas tus preguntas.

Meditar te preparara para hacer las preguntas correctas. Y eso, amigo, eso sí que puede obrar milagros.

No caigas en este error de novato. Deberías aproximarte a esta práctica con curiosidad, y no con la esperanza de que has encontrado tu salvación.

De vez en cuando me refiero a la meditación como una “herramienta”, pero mis motivos no son más que simplificar el lenguaje y hacer más fácil la comprensión.

No la trates como una simple herramienta. No fijes tu horizonte en los resultados. La meditación es un camino que no tiene su premio en el final, sino en el propio camino.

Siempre vas a necesitar mirar dentro de ti, investigar qué pasa, o ver las cosas desde otro punto de vista. De lo contrario, significaría que no estás creciendo ni mejorando como ser humano.

Por eso, usa lo que aprendas aquí como parte de un proceso más grande. Como parte de una senda más larga.

Esto no es el fin, querido lector. Es el principio.

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