Las ventajas de aprender a meditar en cualquier lugar

El silencio es la medicación para el dolor

Proverbio árabe

 

Hace poco te hablé de cómo saber dónde meditar y de las ventajas que conlleva.

Pero hoy nos vamos un poco en la dirección contraria.

Sí, meditar siempre en el mismo sitio es el estándar recomendado. Pero eso no significa que tengamos que tenerle miedo a meditar fuera de casa.

Habrá ocasiones en las que estés de viaje, ya sea por trabajo, por vacaciones,… y que tu preciado santuario no esté físicamente disponible.

¿Y qué es lo que suelo decir hasta la saciedad? La meditación va de ser constante.

Así que no rompamos nuestra racha cuando nos vayamos de casa. Primero porque si no meditamos cada día, todo esto no te servirá para nada. Y segundo porque, saber hacerlo en prácticamente cualquier lugar, tiene otras muchas ventajas.

 

Desarrollas tu ecuanimidad considerablemente

Es quizás el efecto más evidente de meditar en lugares no necesariamente adecuados para meditar. Por eso, tener apenas control sobre lo que te rodea es una ocasión perfecta para entrenar tu neutralidad.

Y de la misma forma, meditar en otros lugares hace que te enfrentes a nuevos retos. Uno siempre se suele encontrar cómodo en su zona de confort (el santuario), por lo que, con el tiempo, las sesiones pueden volverse algo monótonas.

Pero no te sorprendas si nuevas sensaciones o sentimientos salen a la superficie al cambiar el entorno. Introducir variedad, en dosis controladas, puede ayudarnos a profundizar aún más.

Todo eso estuvo siempre en tu interior, pero quizás el entorno controlado de tu casa no era suficiente para que las notases.

No tengas miedo de meditar al aire libre, exponiéndote a todo tipo de ruidos y molestias. Ponte a prueba de vez en cuando.

 

Detectas el estrés y lo arrancas de raíz

Todos pasamos por esos pequeños momentos del día a día que nos perturban el humor. Esos que hacen que dobles el dedo índice y te lo muerdas, para evitar soltar una barbaridad y luego arrepentirte.

A simple vista son sólo instantes aislados, sin peligro. Pero el hecho es que van acumulándose a lo largo del día, hasta que explotan como si fueran uno solo.

Y luego la gente te mira raro y piensan: no era para tanto, hombre.

¡Sí que es para tanto! Llevas todo el santo día acumulando estrés. Y precisamente ahí reside el peligro, en la suma de todos esos pequeños momentos que, de estar aislados, serían casi inofensivos.

El gran problema es que no sabíamos cómo librarnos de ellos. Hasta ahora.

Tener la habilidad de meditar en cualquier parte nos brinda muuuchos más momentos de conciencia cada día. A partir de estos, podemos detectar casi al instante cuándo un estresor aparece en nuestra mente.

Comprueba por ti mismo el increíble efecto que tendría meditar 2-5 minutos poco después de que algo te perturbe. Busca un poco de intimidad, estés donde estés, siéntate lo más cómodo posible y dedícate un momento de paz.

 

Puedes ir más allá de la sesión formal

No hace falta cruzar las piernas y poner un cronómetro para considerar que estás meditando. Tan pronto como te centres en la respiración y hagas el esfuerzo consciente de aplacar las divagaciones de la mente, ya lo estás haciendo.

Esto te permite tener una “sesión informal” mientras friegas los platos, tiendes la ropa, o mientras haces cualquier tarea que no requiera de mucho esfuerzo mental. La felicidad está en el presente, querido lector.

Pero cuidado, no estoy diciendo que puedes prescindir totalmente de las sesiones formales, en tu cojín. No son intercambiables, pero sí que se complementan de maravilla.

 

No serías el único “rarito” que lo hace

En muchos lugares suelen hacerse concentraciones de meditadores.

Básicamente, un montón de gente se reúne en un parque o una plaza de un lugar determinado y se sientan todos en silencio.

¿Raro?

Puede. Pero hay algo especial en meditar en una concentración. Te sientes parte de algo.

Mira estos ejemplos. En uno de ellos, simplemente pusieron una fila de cojines, y un cartel que ponía “Meditación gratis. Únete”. Así de sencillo.

 

En fin, podría ponerte mil ejemplos, pero captas la idea, ¿No?

 

Este es el motivo final de la meditación

¿No es ese nuestro objetivo, al fin y al cabo? ¿Poder llevar el estado de guardia que alcanzamos cuando meditamos a todos los aspectos de nuestra vida?

¡Claro que sí! No te encierres en tu burbuja de confort. Tu cerebro acabará entendiendo que la conciencia plena sólo es para cuando estás en un cojín, en tu sesión formal.

Lleva la meditación a la vida real, poco a poco. Complementa los puntos fuertes de la sesión formal y la informal. Estarás sacando el máximo provecho de esta práctica.

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