¿Son las recaídas en malos hábitos una señal de progreso?

Nube-tormentosa

¿Y si no se trata de cultivar humildad, sino de apaciguar el ego?

Quizá una pregunta así fue la que se hizo Ryan Holiday cuando se le ocurrió la idea para su libro “El Ego es el Enemigo”.

Podría haber escrito sobre la humildad, la rectitud de carácter, la disciplina, y la confianza en uno mismo. Como una miríada de autores han hecho antes que él.

O podía darle la vuelta al asunto y hablar del fracaso, del ego, y del anonimato. Es como ver el mismo cuadro pero dándole la vuelta, abriendo así la discusión a nuevas interpretaciones.

¿La razón? Perspectiva

“Mientras que los libros de historia están llenos de genios visionarios”, cuenta Ryan en el prólogo, “también fue construida por individuos que lucharon contra sus egos, se abstuvieron de ser el centro de atención y pusieron sus metas más altas por encima de su deseo de ser reconocidos.”

No todos esos individuos tuvieron éxito a la primera. El ego no es solo el enemigo, es tu peor enemigo. Así que hubo fracasos, según Ryan cuenta. Pero entender la raíz de los fracasos a través de la experiencia también es una señal de éxito.

¿Qué es una recaída sino un fracaso del que se puede aprender?

Las recaídas en malos hábitos nos dan esa perspectiva. Nos ayudan a comprender qué funciona, qué no, y cuál es el enemigo de verdad.

Las recaídas son, en realidad, una señal de progreso.

Pero no basta con convencerse de que la recaída es algo positivo, porque sino uno la convierte en una excusa para fracasar.

Primero hay que entender qué NO es una recaída

Una recaída no son los sentimientos que la acompañan: la sensación de derrota, de fracaso, y de vergüenza. Una recaída no es más que el cerebro haciendo lo que sabe, volviendo a lo que está acostumbrado.

Sentirte como un fracaso es una especia que añades tú. Bueno, tu ego, como acentuaría Ryan. Es tu ego el que te hace pensar que esos sentimientos son parte de la recaída.

Son esas emociones—y no la recaída—lo que te hace fracasar del todo

“Sí, en ese momento se sentiría mejor enfadarse y deprimirse”, cuenta Ryan. “Cuando la injusticia o el capricho del destino se infligen a alguien, la reacción normal es gritar, luchar, resistir. Sabes lo que se siente: no quiero esto, quiero . Lo quiero a mi manera”.

El ego se aprovecha de que en una transición somos vulnerables. Se alimenta de ese miedo, y nos fuerza de vuelta a la zona de confort. Tu ego te convence de que la recaída es una prueba inequívoca de que no vas a cambiar nunca. Y le terminas creyendo.

Pero el ego luchando tampoco es una señal de fracaso. Es más, es una señal de progreso.

Las recaídas te dan información sobre qué puedes mejorar

De lo que estoy haciendo, ¿qué ha salido bien? ¿qué ha salido mal? ¿qué se puede mejorar? ¿qué he pasado por alto?

Tu ego no quiere que llegues hasta esas preguntas, así que intenta atraparte en el torrente de emociones. Porque si llegaras a contestarlas, empezarías a hacer planes para el siguiente intento.

El objetivo de una recaída no es abstenerte de un resultado, sino otorgarte una nueva perspectiva

“Es mucho mejor cuando hacer un buen trabajo es suficiente. Cuanto menos apegados estemos a los resultados, mejor. Cuando el cumplimiento de nuestras propias normas es lo que nos llena de orgullo y autoestima”.

Gran libro, señor Holiday.

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