La magia de aprender a “dejar ir” (y cómo hacerlo)

Algunas personas piensan que aferrarse a las cosas les hace más fuertes, pero a veces se necesita más fuerza para soltar que para retener

Hermann Hesse

 

Durante años vas acumulando dolor. Muy poquito a poquito, casi no te das cuenta, pero está ahí.

Sólo es basura, hay instantes en los que lo sabes, pero tú sigues acumulando como si hubieras trabajado duro por ese dolor.

Me lo merezco.

Podemos llegar a tener fuerzas para despojarnos de un mueble viejo.
De ese juguete de cuando niños.
De esa camisa vieja y decolorada.

¿Pero de nuestro dolor? Solemos ser extrañamente posesivos con nuestro dolor.

Es como contener una respiración por miedo a no poder coger otra al instante siguiente.

Guardar el dolor, el resentimiento, el rencor… no te va a hacer más fuerte. No es un armazón de protección contra los intrusos. Es aire que contienes en tu interior, que se pudre y te va carcomiendo por dentro.

Si dejas de respirar, te mueres.

Tienes que aprender a soltar. Hoy te traigo mis humildes consejos para que lo consigas.

 

Abandona tus expectativas y céntrate en el presente

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Las expectativas crean resistencia con la realidad. Forman parte del juego interno de nuestra mente. La ecuanimidad que, casualmente entrenamos meditando, es uno de los mecanismos para evitar juzgar los acontecimientos. Porque no olvidemos que una expectativa también es un juicio.

Cada vez que pensemos que algo debería ser de alguna forma, estamos creando una resistencia sin saberlo. Ya sea un deseo o una preocupación, toda resistencia tendrá una connotación negativa de una forma u otra.

Un deseo sólo nos hace conscientes de que no poseemos algo, lo cual crea infelicidad. Una preocupación es la interpretación de un futuro próximo teniendo en cuenta el peor de los casos. Aunque sea irreal, nos provoca estrés y ansiedad. Ambos tienen un punto en común: nos alejan de la realidad del ahora.

Para evitar este tipo de situaciones, debemos ejercitar la ecuanimidad y aprender a dejar ir. Con esto me refiero a que simplemente nos entreguemos a la situación, sea cual sea, pero con absoluta presencia.

 

Entregarse no significa que ya nada te importe

Los necios dirán ahora que estoy animando a la gente a que ignoren sus problemas e intenten evitarlos a través de la meditación. Nada más lejos de la realidad.

No confundas la negatividad enmascarada con la verdadera entrega, la verdadera habilidad de “dejar ir”. Si te descubres convenciéndote a ti mismo de que todo está bien, o de que no es tan en grave y no hay por qué preocuparse, no has entendido el concepto de la entrega.

La entrega no implica ninguna tensión. Es un músculo que se entrena durante la meditación, pero con el objetivo de dejarlo en reposo. Su función no es la de aplicar fuerza.

No caigas en el error de creer que “dejar ir” consiste en sumirse en una actitud pasiva y monótona. Significa entregarse por entero al presente, sin filtros.

 

No intentes controlarlo todo, concéntrate en la experiencia

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¿Por qué será que las mejores historias provienen de las peores experiencias? ¿Nunca te ha pasado?

Puede que perdieras un vuelo cuando estabas de vacaciones en centroamérica, que se te estropeara el coche en medio de la nada o que se te inundara la casa por una avería. Todas esas son fantásticas historias para una cena de navidad.

Pero no estoy diciendo que empieces a reírte del acontecimiento cuando estás en el epicentro del desastre.

Lo que sí quiero es que observes; lo que fue un absoluto desastre en su momento, se convirtió ahora en algo completamente diferente. La única diferencia entre entonces y ahora es que ahora no eres prisionero de los filtros de la mente.

Tal vez ahora empiezas darte cuenta de las cosas que aprendiste en ese momento, o a quién conociste… Empiezas a centrarte en la parte enriquecedora de la experiencia.

Recuerda esto la próxima vez que te veas en una situación comprometida. En lugar de dejarte vencer por la mente y caer en la desesperación, el enojo y la frustración, prueba a detenerte un segundo y a centrarte en qué puedes sacar provecho de la situación.

 

La entrega no implica resignación

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Pese a que pueda sonar a derrotarenunciafracaso, “dejar ir” no implica nada de eso.

La entrega consiste en convertir todo acto reactivo en uno proactivo.

Puedes dejar ir y aún así hacer planes de futuro. Puedes dejar ir y aún así tomar las riendas y actuar cuando haga falta. La diferencia es que harás esas cosas con plena conciencia. La entrega es dejar de oponerse; aceptar el presente tal cual es de forma ecuánime.

Al fin y al cabo, es el único margen de acción real que tenemos.

¿Y si las cosas van mal? ¿También he de entregarme y “dejar ir”?

Más que nunca. Por eso es importante que comprendas la diferencia entre la entrega y la resignación. La resistencia a la realidad sólo sirve para frenarte. Entregarte plenamente no solucionará los problemas mágicamente, pero sí dejarás de ser prisionero de ellos.

Por esto mismo, la entrega es perfectamente compatible con la acción. Aquí no estamos hablando de inacción, indiferencia o desinterés; casi al contrario: estamos hablando de que ignores las películas mentales de tu mente para que aceptes plenamente la realidad.

 

¿De dónde sacamos la motivación entonces?

Tenemos una resistencia continua a todo lo que nos desagrada. Intentamos desesperadamente huir de esas cosas, y alguno estará pensando que, precisamente, ese descontento es la fuente de nuestra motivación para progresar, para salir de esa situación y buscar una vida mejor.

Entonces, si dejamos ir, ¿No se irá toda esa motivación?

Rotundamente no.

Esa motivación que nace del descontento no es por la búsqueda de algo mejor. Es por huir de lo que tenemos ahora. Lo de querer progresar es un cuento que te cuentas a ti mismo. Tomar decisiones de esta manera no suele conducir a un mejor destino; tan sólo a uno diferente.

Cuántas veces habré escuchado comentarios del tipo: Bueno, no estoy en el mejor de los sitios, pero al menos es diferente del que estaba antes.

Puedes cambiar las palabras de la frase, su contexto o su orden, pero el significado es el mismo: las personas huyen de un pozo de fango para meterse en otro. En realidad, no quieren salir del pozo de fango porque es algo familiar para ellos.

Pero sí que se hartan de estar demasiado tiempo en el mismo, así que van dando saltitos de un pozo a otro.

Entregarte plenamente a la situación te dará la visión para saber qué es lo correcto y qué debes hacer. Si hay que actuar, actúa. Y si lo único que puedes hacer ahora es planificar, ¡Pues hazlo! Pero sabrás que estarás haciendo lo correcto

 

La entrega pondrá a prueba tu identidad

Te diré por qué a veces es tan difícil desprendernos de las cosas.

Cuando pones la mano en una superficie caliente, pasa lo mismo que cuando te pinchas, o cuando te da un calambre: te apartas de inmediato. No hay una discusión interna con tu cerebro; ya sabes lo que tienes que hacer. De hecho, ni siquiera lo sabes, tu cerebro ya lo hace por ti.

¿Por qué no podemos hacer lo mismo con las preocupaciones? Es evidente que no causan otra cosa que dolor y miseria. Pero, aunque lo tengamos tan claro desde fuera, parece que algo siempre nos ata a ellas.

La respuesta es que forman parte de ti, de tu “yo”. Liberarse de aquello que nos causa depresión, ansiedad o estrés es tan sencillo como retirar la mano del fuego. Pero claro, ¿Cómo vas a renunciar a ser tú mismo?

Pregúntate a ti mismo si verdaderamente quieres deshacerte de tus demonios. Porque aunque sea sencillo, no es nada fácil. Hay que tener valentía para deshacerte de un pedazo de lo que creías ser .

Tú no eres tu mente. Puede que lleves años identificándote con tus pensamientos, hasta el punto de que sientas que forman parte de ti, que son , pero no es así. El trabajo de la meditación es vaciarte por dentro y no dejar ni un resquicio de esas identificaciones.

Para que sólo quede el silencio.

Y con él, el presente. Y la vida en su plenitud.

2 comentarios en “La magia de aprender a “dejar ir” (y cómo hacerlo)

  1. Pondré sus pensamientos en práctica cada mañana con mi grupo de apoya en el canto! Cantar es nuestra “terapia”. He notado que existe mucho dolor entre mi grupo. Tomaré en cuenta sus consejos. Gracias por su clara visión!

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