Dame 2 minutos y te enseñaré a identificar la fuente de tu ansiedad

Es por la lógica que demostramos pero por la intuición que descubrimos

Henri Poincaré

 

Es lo que tienen los pensamientos cuando no los controlamos: nos aturden. Nos confunden.

Estallamos y no sabemos por qué. Nos enfadamos por estupideces, y nos sentimos estúpidos porque algo tan tonto tenga poder sobre nosotros.

Supongamos que tienes un hijo. Llegas a casa, sin fuerzas, y empieza a hablarte sin parar, en un volumen que tu mente simplemente no tolera en ese momento.

Le dices: ¡Cállate ya! 

¿Realmente estabas enfadado con el niño? Mhmm… Tal vez estás enfadado con tu jefe, con un amigo, con tu pareja… pero, o bien no tienes suficiente valentía para enfrentar la situación, o bien no lo sabes.

¿Cómo podemos no saber hacia quién sentimos nuestro enfado?

Bueno, es que si lo supiéramos, no “estallaríamos”. No existiría tal cosa; no pasaríamos de la tranquilidad al enojo tan rápido —si acaso empezaríamos enfadados desde el principio—, pero en vez de eso es mejor reprimir. Arrastrar la mierda debajo de la alfombra. Y claro…

El niño es un objetivo fácil, indefenso. Es tentador descargarse sobre él. Vamos acumulando poco a poco; tensión por aquí, tensión por allá, por el otro lado… y luego no sabemos para donde disparar.

Es lo que tienen los pensamientos cuando no los controlamos.

ansiedad

Utiliza esta técnica

Paso 1

Ve y coge papel y algo para escribir.

Ahora escribe una lista con todas las áreas de tu vida que se te puedan ocurrir. Tal que así:

  • Hijos
  • Marido/Mujer
  • Casa
  • Trabajo
  • Ejercicio
  • Mis padres
  • Finanzas
  • Viajes
  • Etc…

Si alguna es absolutamente irrelevante para ti (como que no tienes hijos) sáltatela. Usa las que tengan sentido contigo, añade otras que sean relevantes, etc…

 

Paso 2

Cuando tengas la lista, busca un espacio tranquilo y silencioso (puede ser tu santuario).

Ahora quiero que medites. Coge el primer ítem de tu lista y úsalo como objeto de meditación.

Medita 30/60 segundos por cada ítem.

Simplemente siéntate en silencio, respira, y céntrate en el que hayas escogido en ese momento. Y observa lo que hace tu mente.

Automáticamente, nuestro cerebro empezará a conectar recuerdos y sucesos que tengan que ver con aquello con lo que estamos meditando. Repito: no intentes reprimir nada. No opines. No juzgues. Sólo observa.

Aquí es donde viene lo interesante: puede que en alguna de las áreas que has escogido, suceda que tu ansiedad emerja a la superficie. Puede que sólo un instante.

Tu cuerpo es mucho más sabio que tú. Entiende que, aunque no recuerdes nada desagradable respecto a un área determinada, éste puede mandarte una señal de que algo va mal por ahí.

Sepas o no lo que te produjo esa punzada de ansiedad, subraya ese ítem y prosigue con la lista, hasta que hayas meditado con todas las áreas.

 

Paso 3

Supongamos que durante tus meditaciones anteriores, sentiste algo mientras usabas “trabajo” como objeto de meditación.

Bien, lo que haremos ahora es desfragmentar ese objeto. Es decir, vamos a romperlo en subcategorías, tal que así:

  • Realización personal
  • Sueldo
  • Duración de la jornada
  • Proyección de futuro
  • Sacrificios que conlleva
  • Estabilidad que me aporta
  • Naturaleza del trabajo
  • Etc…

De nuevo, todo lo que se te pueda ocurrir, apúntalo.

Como ya habrás adivinado, ahora volvemos a repetir el paso anterior, con estos objetos.

Normalmente, el cuerpo no tarda mucho en mandarte señales. No obstante, si necesitas más de un minuto por objeto, siéntete libre. Hay veces que nuestra ansiedad se esconde en capas muy profundas de nuestra conciencia, no tengas reparo en seguir cavando si lo necesitas.

Una vez hayas meditado con todos los objetos, deberías saber cuáles de ellos están causándote problemas. Aunque esto no significa que sepas por qué los causan.

Este es un buen primer paso. Recuerda que, si en el paso 2 hubo más de una categoría en la que sentiste algo, deberás desfragmentarlas todas y hacer el paso 3 con todas ellas.

 

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Qué hacer después

Saber escuchar al cuerpo es una habilidad. Se perfecciona. No te preocupes si al principio tienes dificultades; te volverás más diestro con el tiempo.

Todos podemos desarrollar nuestra intuición. El problema viene cuando nadie nos enseña a trabajar con ella; creemos que necesitamos pastillas, psicólogos o terapias, cuando la respuesta está en nuestro interior.

No digo que en todos los casos sea así, pero gran parte de nosotros podemos resolver nuestros problemas simplemente con escarbar un poco en la superficie de nuestros pensamientos. Sólo necesitas voluntad.

Este ejercicio puede hacerte consciente de que en tu trabajo estás contento con tu sueldo, tu jornada, la proyección de futuro, etc… pero no te llena personalmente.

Fíjate en que uso la expresión “hacerte consciente” y no “hacerte saber”. Lo más probable es que ya sepas cuál es la causa de tu ansiedad. Pero cuando el cuerpo te avisó, decidiste ignorar. Decidiste darle una explicación como “este trabajo es temporal y además ganaré mucho dinero”“es lo que mis padres siempre han querido para mí y están orgullosos”.

Una excusa es un filtro. Cada vez que te excusas, distorsionas más y más la realidad, hasta que ya no eres capaz de ver con claridad.

La meditación lleva a la conciencia. Y la conciencia te ayuda a recobrar la visión. A ver dónde están las fronteras, los límites. Hasta donde llega el problema.

Cuando consigues ese nivel de claridad, puedes tomar una decisión. Sabrás qué hacer. Ahora has escuchado, ahora no sólo eres conocedor; también eres consciente.

 

Conclusión

Probablemente esto te parezca una estupidez. No te culpo; los ejercicios de introspección parecen una estupidez hasta que se hacen.

Es nuestra mente, defendiéndose. Nos sabotea diciéndonos, “Eso no va a servir para nada”“Usa ese tiempo para hacer algo importante”.

En realidad, ella sabe que la conciencia le arrebata todo su poder. Cuando nos damos cuenta de los límites de nuestros problemas, o de las cosas que nos provocan ansiedad, automáticamente tenemos el control.

Se trata de llevar conciencia a tu vida. Puede que no hagamos esos problemas más pequeños, pero desde luego no serán más grandes de lo que son, y definitivamente ya no tendrán poder sobre nosotros.

 

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