Parecen inofensivas… Pero son el peor obstáculo hacia la felicidad

A veces subestimamos la influencia de las cosas pequeñas

Charles W. Chesnutt

 

Tu vida es un reflejo de tus pensamientos.

Condicionan tu forma de ser, tus acciones, tus opiniones, tus decisiones… Son prácticamente tú.

Con prácticamente me refiero a que, en realidad, no son  en absoluto.

Con la meditación intentamos alcanzar el vacío absoluto, llegar a ese rincón de la conciencia donde sólo queda el silencio y nada más.

A donde el ruido de la mente no puede alcanzarnos. Sólo en ese lugar te das cuenta de que hay demasiadas cosas en tu vida que deberían importarte un pimiento.

Estoy hablando de lo que llamamos las cosas pequeñas: esos asuntos aparentemente inofensivos que, en conjunto, conforman el peor enemigo que podamos tener.

Hoy te animo a que aprendas a detectar esas cosas pequeñas de tu vida, y a que seas capaz de mantenerlas pequeñas. Aquí te lo cuento todo.

 

Las cosas pequeñas con el resto de personas

La vida de cualquier persona realmente dichosa se compone de dos aspectos que se equilibran entre sí: el amor y la meditación.

Con esto no me refiero a que si estás felizmente casado y dedicas una hora al día a meditar serás sumamente feliz.

El amor representa la sociabilidad, la compañía, el afecto y todo lo relacionado con la interacción con el resto de personas.

La meditación representa la solitud, la introspección, la paz interior y lo relacionado con el descubrimiento de uno mismo.

Esto quiere decir que necesitamos tanto de una como de otra para estar completos. En este aspecto, no tenemos elección: así es como estamos diseñados.

Pero como sabemos, cada cual tiene sus dificultades: en la solitud nos enfrentamos al miedo a lo desconocido y a la incertidumbre de nuestro propio ser; mientras que en la sociedad nos enfrentamos a las ideas y percepciones del resto de personas.

Podrías pensar que sólo uno de esos aspectos depende enteramente de ti —la solitud—, pero lo cierto es que la sociabilidad también corre de tu cuenta.

Puedes mejorar significativamente tu aspecto social siguiendo estos simples consejos.

 

No te esfuerces por tener razón siempre

Aunque la tengas de verdad. Sucede que todas las discusiones terminan por convertirse en una batalla de egos. Pasado un punto, los argumentos caducan, las razones no importan: solo queda tu dignidad contra la de la otra persona.

Lo único que termina importando es quedar por encima del otro. Ser más importante.

Si a todos nos preguntaran en frío si es más importante el ganar una discusión que la propia relación con la persona que con la que se discute, nadie titubearía: la discusión es algo pequeño, insignificante.

Pero nuestra mente es tan astuta que, en el frenesí de la discusión, entierra nuestra conciencia para que sólo podamos escuchar a nuestro ego. Este tipo de cosas pequeñas son las que dañan profundamente nuestras relaciones.

Somos nosotros mismos los que damos poder a esas cosas pequeñas.

No escuches esa voz en tu interior que te dice que pedir perdón, reconocer un error o dar crédito a alguien son signos de debilidad.

De hecho, son parte esencial de una comunicación efectiva.

 

Sé amable con los demás, aun cuando no se lo merecen

Las personas son como camiones de basura.

Los camiones de basura van recogiendo basura en cada esquina,  poco a poco. Pero llega un momento en el que están demasiado llenos: entonces tienen que descargar toda esa basura de golpe.

Exactamente igual nos sucede a nosotros: vamos acumulando, y acumulando, cada vez más; hasta que no podemos contenerlo. Entonces descargamos toda esa tensión sobre lo primero a lo que podamos apuntar.

Puede ser otro conductor en un atasco.
Puede ser la persona con la que vivimos.
Puede ser cualquiera.

Así que a veces nos tocará a nosotros ser el objetivo de alguien, aunque ni siquiera lo conozcamos.

Ten comprensión. Sí, puede que esas personas no tengan el más mínimo derecho a descargar su basura sobre ti, pero dales un respiro.

A menudo pasa que una reacción amable por tu parte suele desarmar el odio de esa persona, porque de repente se da cuenta de lo ridículo que era su comportamiento. Reaccionando con ecuanimidad ante estos ataques, puedes hacer que la otra persona salga del piloto automático. La atención plena es contagiosa: úsala.

Además, está más que demostrado que los actos de amabilidad, altruismo y gratitud con el resto de personas contribuyen a nuestra propia felicidad. Así que no sólo lo hagas por ellos, ¡Hazlo por ti!

 

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Las cosas pequeñas en tu día a día

Nuestra rutina está cargada de pequeñas trampas mortales.

Por eso a veces tu humor estalla y ni siquiera sabes por qué. No eres capaz de encontrar un motivo claro para tu arrebato de ira, de frustración o de tristeza. Y eso es porque muchas veces no lo hay.

A menudo suele pasar que el motivo no es otra cosa que la suma de todos esos pequeños momentos en los que sentimos frustración o enojo. No les prestaste atención; no los observaste. Así que esos sentimientos se quedaron ahí, reprimidos.

A medida que se van sumando, van ganando presión, cada vez más y más. Hasta que explota, saliendo con mucha más fuerza de la que originalmente tenía.

 

Siempre que quieras puedes encontrar la paz

La capacidad para permanecer sereno, ecuánime, es un músculo que puede desarrollarse. Meditando aprendemos que la paz está en el interior.

Debes ser capaz de encontrar la serenidad dentro de ti mismo, sin que dependa de los objetos externos. Esto se consigue, en gran medida, observando las pequeñas cosas tan pronto como aparecen. Recuerda que se hacen poderosas cuando no las controlas; cuando dejas que campen a sus anchas.

Observar y no juzgar es la herramienta de prevención más potente que existe. Ni los medicamentos, ni siquiera una vacaciones se acercan a su efectividad.

No te convenzas a ti mismo de que sólo puedes relajarte cuándo estás descansando. Probablemente tengas escasos días de descanso frente a los días de trabajo, así que eso significaría que tu vida es una tensión constante.

Lucha contra este pensamiento: cada día puedes tener tu período de vacaciones, de paz interior.

 

Cambia la manera en la que ves tus problemas

Entiende que, detrás de cada problema, hay una necesidad; y detrás de cada necesidad, una oportunidad.

Problemas tenemos todos.

La diferencia está en cómo los afrontamos. ¿Por qué parece que algunos sacan lo mejor de las dificultades con las que se encuentran, mientras que otros son consumidos por ellas?

Tu percepción es más importante de lo que crees.

Si afrontas tus problemas como oportunidades para crecer, para hacerte más fuerte, toda tu actitud frente a ellos cambiará. No te centrarás en la necesidad, sino en la oportunidad. No te centrarás en el sufrimiento, sino en las soluciones.

Nadie se hace más fuerte si no suda.
Nadie se hace más sabio si no duda.

El camino de las dificultades es la senda de tu crecimiento.

 

Las cosas pequeñas de ti mismo

Por último, tu peor enemigo: tú.

Nadie es tan cruel contigo como tú mismo. Nada te puede hacer tanto daño como tus propios pensamientos.

El aspecto más peligroso es que no nos percibimos como un peligro para nosotros mismos. Creemos que nos decimos todas esas cosas para recordarnos que tenemos que mejorar, que no debemos estar satisfechos.

Este es el peor obstáculo de todos. Todos esos pensamientos, por pequeños e insignificantes que sean, van generando tensión. Y esa tensión se manifiesta de muchas maneras, todas destructivas.

La tensión es lo que querríamos que fuese. La relajación es lo que es.

 

Haz las paces contigo mismo

Deja de pensar que el perfeccionismo te llevará a sacar lo mejor de ti. Pensar de esa manera sólo te llevará a centrarte en tus puntos débiles.

En lugar de estar todo el día fantaseando con perder esos kilos de más, podrías notar que tienes un cuerpo perfectamente funcional que te puede llevar a donde quieras, ¡Con el que puedes hacer de todo!

No, no estoy diciendo que renuncies a tu objetivo de acercarte a tu peso ideal, pero no dejes que esos pensamientos te consuman. Si crees que algo se puede mejorar, toma cartas en el asunto, crea un plan, céntrate en el proceso y olvídate de los resultados.

No hay nada más urgente que tu propia felicidad, y esta sociedad tan apurada por vivir en el futuro se ha olvidado completamente de ella.

Nunca deberías estar tan ocupado para dejar de recordarte que lo importante eres tú.

No las cosas que logres. Tampoco lo que llegues a ser. Puedes estar relajado y feliz ahora mismo.

Es una cuestión de elección.

 

Vive en el presente

Querer estar siempre en otro sitio, en otro tiempo, es lo más destructivo que puedes hacerte a ti mismo.

Incluso cuando las cosas se ponen difíciles, aún puedes hallar paz en el momento presente. Simplemente toma unos minutos (los que necesites), céntrate en la respiración y olvídate de los plazos, tu jefe, tu pareja y tus problemas.

Simplemente sé.

Por supuesto, la habilidad para vivir en el presente también necesita perfeccionarse. Al principio será muy difícil no sentirse insatisfecho por el momento en el que estamos ahora. Será difícil persuadirnos para no querer estar en otro lado.

Por eso también necesitas paciencia. Date tiempo para comprender esto y practica el arte de estar aquí y ahora todos los días.

 

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Todas las cosas, absolutamente todas, son pequeñas. Somos nosotros los que las hacemos grandes.

Puede que haya llegado el momento de empezar a romper con ese mal hábito.

Recuerda: al principio será difícil. Aún tienes todos esos pensamientos dentro que has alimentado durante años. El camino se allanará con el tiempo, y luego sólo será suficiente con limpiar tu mente de pequeñas cosas cada día.

Sé paciente.

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