El mindfulness mejora tu capacidad para comunicarte

Entre lo que pienso,
Lo que quiero decir,
Lo que creo decir,
Lo que digo,
Lo que quieres oír,
Lo que crees oír,
Lo que oyes,
Lo que quieres entender,
Lo que crees entender,
Y lo que entiendes…
Hay diez posibilidades de no entendernos.
Pero aún así, intentémoslo…

Bernard Werber

 

Cuando te explicaba los fundamentos del mindfulness y hablábamos de los beneficios que tenía esta práctica, no estaba exagerando cuando decía que eran incontables.

La conciencia plena es una virtud que puede estar presente en cada aspecto de tu vida; y hoy hablamos de uno de los más importantes: la comunicación.

Todos alguna vez hemos tenido dificultades para comunicarnos. Todos hemos sido malinterpretados por no expresarnos de la forma adecuada, incluso hemos ofendido a alguno que otro por el camino sin quererlo.

Hoy hablaremos de qué es lo que determina si una comunicación es efectiva o todo lo contrario, y cómo podemos mejorar nuestra habilidad para comunicarnos. ¡Al turrón!

 

¿Por qué la comunicación es tan importante?

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Desde la calidad de la relación con tu familia o tus amigos, hasta la diferencia entre un sueldo cuantioso y uno mediocre, la comunicación lo es todo.

Haz memoria. Seguro que has conocido a ese tipo de persona fascinante y super cool que encandila a todos con sus chistes sofisticados y sus emotivas anécdotas.

O a la que es profundamente empática y sientes que estás en casa cuando hablas con ella.

¿Qué tienen en común toda esa gente? ¿Qué los hace ser tan encantadores? Y sobre todo… ¿Qué tienen ellos que no tengas tú?

Lo cierto es que todas esas personas no prestan tanta atención a QUÉ dicen, sino CÓMO lo dicen.

¿Leíste bien? No importa tanto el contenido como la forma de expresarlo.

¿Y por qué esto es tan importante?

Bueno, pregúntate cuántas veces te has visto envuelto en una discusión por haber herido el orgullo de alguien.
O cuántas veces has tenido que lidiar con gente que no daba su brazo a torcer.

Lo cierto es que, aunque tu objetivo siempre sea el mismo, no tiene ninguna importancia si no logras que la otra persona entienda el mensaje como lo habías intencionado.

 

¿Tu comunicación es tóxica o constructiva?

Haremos mucho hincapié en la forma de transmitir el mensaje, principalmente porque es el concepto más olvidado por la mayoría de personas.

La diferencia entre ambas puede ser evidente en la teoría, pero en la vida real es otra cosa. Seguro que te has visto a ti mismo pensando “Mierda, no tendría que haber dicho eso”, ¡Segundos después de haberlo dicho!

De nada sirve que esa noche, acostado en tu cama, te pongas a analizar la conversación y a pensar “Vale, eso que dije fue inadecuado” o “Ahí me dejé llevar un poco…” porque ya será tarde.

En una conversación, necesitamos un último suspiro de atención antes de abrir la boca para hablar. Un instante de conciencia en el que evaluemos en un segundo lo que estamos a punto de decir. Porque un buen mensaje transmitido de una manera tóxica no sirve para nada.

No es lo mismo comerse una manzana madura a una podrida, aunque el alimento sea el mismo, ¿Correcto?

Haz un examen de conciencia y averigua cuál es tu manera de comunicarte predominante.

¿Pones tu ego por encima de cualquier argumento?
¿Tu objetivo es ayudar al otro, o demostrar que estás por encima?
¿Escuchas por interés propio o por el bienestar de la otra persona?

 

Usando el mindfulness para mejorar nuestra comunicación

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Entonces, ¿Cómo usamos la meditación para mejorar nuestra comunicación?

A priori, podría parecer que, si nos conentramos en la conversación tal como lo haríamos con la respiración en una sesión, solucionaríamos muchos de nuestros problemas. Y aunque ese es un paso clave, puede no ser suficiente.

 

Antes de entender a los demás… entiéndete a ti mismo

Nos comunicamos muy poco con nosotros mismos. Tenemos tantas maneras de mantener un ruido constante a nuestro alrededor que los momentos de silencio son casi inexistentes.

Porque es en el silencio donde nuestra mente nos invita a explorar sus profundidades.

Pero claro, ahora con la televisión, el ordenador, el móvil… ¿Quién querría alejarse de todo eso y sumergirse en las aburridísimas profundidades de su mente?

No voy a contarte nada que no sepas: esa introspección es necesaria. Tanto para entendernos a nosotros, como para entender a los demás. Y la meditación es una de las maneras de hacerlo.

Explorar nuestra mente nos ayuda a descubrir los límites de las cosas que nos perturban: nuestros miedos, nuestras preocupaciones, incluso nuestros deseos… Es como si les pusiéramos nombres y apellidos a todos.

Y esto tiene un efecto de desapego indescriptible. Casi inmediato. Porque al limitar esos pensamientos estamos evitando que se hagan más fuertes.

Entender tus propios pensamientos hará que sientas más empatía y compasión por los demás, porque sabes exactamente cómo pueden afectar esos demonios a las personas.

El camino a la empatía comienza por empatizar con uno mismo.

 

Saber escuchar con conciencia plena

¿Te consideras un buen oyente? ¿Seguro que lo que haces es escuchar?

Muchas veces creemos que estamos escuchando a los demás, cuando en realidad no es así. Tan pronto como los mensajes llegan a nosotros, rápidamente aplicamos todos nuestros filtros y prejuicios.

Casi siempre damos una respuesta condicionada por nuestra propia perspectiva.

Como ya habrás adivinado, esto no suele ser efectivo para la otra persona. Es casi imposible dar una respuesta acertada y teniendo en cuenta todos los factores, principalmente porque no somos la persona a la que estamos escuchando.

¿Entonces, cuál es la forma correcta?

La ecuanimidad es la clave. Cuando se escucha con conciencia plena, lo haces sin juzgar, y con el objetivo de entender, no de contestar.

¿Nunca te has preguntado por qué nos gusta escuchar canciones que coincidan con nuestro estado de ánimo?

Si eres el tipo de persona que se pone música triste cuando está triste, tranquilo, no estás sólo.

Nuestro cerebro busca comprensión. Y eso es precisamente lo que busca una persona cuando es escuchada. Comprensión y aprecio. Céntrate únicamente en eso.

Sé que muchos creemos que somos buenos dando consejos, pero muchas veces sirven de muy poco. No estamos en la piel de la otra persona. La clave es ayudar a la persona a que encuentre la solución por ella misma, no darle la tuya.

Por eso mismo, cualquier consejo que demos debería apuntar a la introspección, o debería servir para que se haga las preguntas correctas (¡Podrías incluso recomendar a la gente que empiece a meditar!)

 

No a todo el mundo le sirve la misma respuesta

Aunque no existe la fórmula del éxito para la comunicación efectiva, puede que sí exista la fórmula del fracaso asegurado: intentar dar el mismo tipo de respuesta a todo el mundo.

Todos somos diferentes, y eso hace que cada uno tengamos una forma diferente de percibir o interpretar lo que nos dicen. Muchos intentos de comunicación fallan por este motivo. Incluso aunque el mensaje sea el correcto, la manera de transmitirlo puede echarlo todo por tierra.

No me estoy refiriendo a no contar la verdad o a manipularla, de hecho, siempre es mejor ser honesto, aunque la verdad sea incómoda (esto ahorra muchos problemas en el futuro).

Sí que me refiero a que hay que abordar las conversaciones con inteligencia. Escuchar a alguien con conciencia plena puede hacer que te des cuenta de a qué formas de comunicación reacciona mejor esa persona. Hay veces que, incluso si sabemos que alguien está equivocado, puede no ser el momento propicio para hacérselo saber.

Asegúrate de comunicarte en una forma en la que la otra persona te entienda. Intenta olvidar tu opinión, o lo que tú crees que es la manera correcta. ¿Cómo le contarías lo que pasó en la I Guerra Mundial a un niño de primaria? ¿Se parecería a cómo se lo contarías a un adulto?

La atención plena te ayudará a saber qué necesita cada persona en cada momento.

 

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Por último, también podrías animar a tus familiares o amigos cercanos a que practiquen mindfulness.

Comunicarse con alguien que es consciente de estas cosas siempre es más fácil, y no tendrás que estar cuidando tanto lo que dices o cómo lo dices, así que, ¿Por qué no intentarlo?

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