Cómo encender esa chispa de voluntad que te saca temprano de la cama

La chispa produce calor.

El calor produce fuego.

Y el fuego puede quemar y hacerte daño. O puede iluminar el camino y mantenerte caliente.

Pero para producir la chispa, necesitas fricción

Fricción. Dos objetos que se tocan, moviéndose en diferentes direcciones:

La expectativa—y la realidad.

A esa fricción la llamamos problema, obstáculo, desafío, inconveniente. Fricción que es fuente de todas nuestras preocupaciones y ansiedades.

O la materia prima de la que se forja la voluntad. ¿El fuego quema la piel o ilumina el camino?

Una vida sin fricción no puede encender ninguna voluntad

Se convierte en un círculo vicioso.

No tenemos voluntad porque no hay nada con lo que hacer fricción, y no hay nada con lo que hacer fricción porque no tenemos la voluntad para salir a buscarlo.

Pero no es que no haya habido fricción en nuestra vida. La cuestión es, ¿qué hicimos con ella?

De niños teníamos esa chispa de voluntad

Aprender a caminar: el primer rito de paso hacia la independencia. El primer gran desafío.

¿Cómo aprendimos a caminar?

Desde luego, no a la primera. Y era seguro que tras levantarnos, venía una caída. ¿Por qué no perdíamos la motivación?

Tampoco culpábamos a nuestros padres por darnos piernas defectuosas. Lloramos alguna vez, sí. Algunas caídas duelen. Pero nunca dejamos de levantarnos e ir a por el siguiente intento.

La chispa se perdió en algún momento de la adultez

¿Cuándo?

Ahh… sí. Cuando empezaron a enseñarnos que el fracaso es una señal de debilidad, una demostración de incompetencia. El fracaso es para los fracasados y los ganadores siempre ganan.

¿Entendido, niños?

Pero, secretamente, sabemos que no podemos aprender de otra forma. Llevamos aprendiendo a base de fracasos e intentos desde que dominamos el caminar erguidos.

Así estamos, adoctrinados en una filosofía de mierda que nos deja muertos de miedo. Un miedo al fracaso que nos hace muy ahorrativos a la hora de afrontar desafíos y obstáculos.

Y sin desafíos ni obstáculos, no hay con qué hacer fricción.

Y sin fricción no hay chispa, no hay calor, no hay fuego

Y terminamos en un viaje de autodestrucción, donde al final tenemos 49 años, nada por lo que luchar, nadie a quien querer, y nada por lo que ser queridos.

Demasiada negatividad, demasiada confirmación de que un propósito no es lo único que nos falta—el mundo simplemente no nos requiere. Somos, y siempre seremos, innecesarios.

Pero hey—nadie hace un fuego con la primera chispa

Y con la primera chispa tampoco se hace un propósito. O una voluntad que te saque temprano de la cama.

Crear fricción es parte del proceso, y no siempre es agradable. De niños nos dolían las rodillas pero ninguno dejamos de intentarlo. Los obstáculos no están ahí para que nos sintamos más cómodos, están ahí para que nos hagamos más fuertes.

Hay que hacer muchas chispas antes de ver siquiera la primera ascua.

Encender tu chispa de voluntad es un proceso transformador—igual que hacer un fuego

Vas a tener que verte siendo engañado y traicionado. Tus miedos te comerán, tus pensamientos te dudarán, y hasta la mera visión que tienes de ti mismo estará en juego.

Pero eso está bien. De todas formas, tu yo actual no tiene los nervios necesarios para soportar la carga de tus ambiciones.

Un propósito te quema, te destruye, y de la combustión se enciende una voluntad inquebrantable. No puedes aspirar a algo más grande que tú si no te conviertes en algo más grande primero.

No puedes hacer un fuego sin antes quemar la madera

Reúne la madera a la que te aferras. Tus miedos, tus creencias, tus arrepentimientos, tu odio. ¿Quieres una señora fogata? No te guardes nada. Cualquier cosa a la que te aferres puede usarse como leña.

Ponlo todo en una pila y préndele fuego.

Lo que tienes ahora es lo único que puedes usar como combustible. No te queda otra: si quieres insuflar vida a lo nuevo, tienes que dejar morir lo viejo.

Enciende ese fuego interior. Y una vez las llamas emerjan, ilumina el camino y mantente caliente.

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