Las 4 preguntas que debes hacerte cuando algo te estresa

Sólo hay tres cosas que no pueden ocultarse mucho tiempo: el sol, la luna, y la verdad

Buddha

 

Se suele decir que nos pasamos la vida preocupándonos por cosas que nunca sucederán.

Y sí, hasta cierto punto, la capacidad para proyectarse en el futuro es útil. Podemos prevenir resultados negativos y apuntar a los positivos.

Pero solemos usar esta capacidad mucho más destructivamente. Acumulamos estrés de todas esas pequeñas cosas para las que nos preparamosNos resignamos a una vida cargada de ansiedad.

Debes saber que todo depende de la manera en la que enfrentas el estrés. Hay alternativas a ese estilo de vida.

Una de ellas comienza por aprender a superar las ilusiones de la mente y conquistar aquellos pensamientos que nos provocan ansiedad.

Con esta sencilla técnica te explicaré cómo podemos hacerlo.

 

Empieza escribiendo tus pensamientos

Escribir el pensamiento que te provoca estrés es parte indispensable del proceso, no te lo saltes.

Puedes ser más consciente de ellos si eres capaz de leerlos en un papel. Además, escribirlos te obliga a expresarlos con palabras, claramente.

A menudo sucede que nuestros pensamientos se alojan en nuestra mente de una forma muy abstracta. Sabemos que están ahí, sabemos qué quieren decirnos, pero está tan oscuro que no nos atrevemos a entrar.

Precisamente ésa es su zona de poder. Escribir tus pensamientos es igual que delimitar una frontera: los estarás arrinconando. Esas palabras concretas que has elegido para ellos conforman su cuerpo.

No podías luchar contra un fantasma. Pero ahora tienes un objetivo claro al que apuntar.

 

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Cuando lo tengas, llegará el momento de hacerte las preguntas. Si te ayuda, puedes realizar todo el proceso por escrito. Esto te ayudará también a revisarlo en un futuro y comprobar si tu instinto tenía razón o no.

 

1. ¿Es este pensamiento verdad?

Supongamos que ese pensamiento que no se va de tu cabeza es que has tenido ciertas dificultades en tu trabajo los últimos meses y crees que van a despedirte.

Suele pasar que, como estamos condicionados a ver la parte negativa de los problemas, automáticamente todo empieza a encajar. Empiezas a conectar un montón de detalles que apoyan tu teoría, reforzando el pensamiento negativo, y causando mayor estrés.

Recuerda que la percepción que tienes de la verdad, y la verdad, no tienen por qué coincidir.

Esta primera pregunta tiene la misión de que observemos el problema desde un punto de vista imparcial.

Sí, puede que hayas tenido ciertas dificultades los últimos meses, pero en tu análisis has pasado por alto todos los años en los que has desempeñado bien tu trabajo.

No desequilibres la balanza con tus percepciones y películas mentales.

 

2. ¿Puedo estar absolutamente seguro de eso?

En el caso de que tu pensamiento haya pasado el primer corte, vuelve a pensar.

Tienes que cuestionarlo todo. Si partes de una base sesgada, toda conclusión que pudieras sacar de este ejercicio no te va a servir para nada.

En esta fase debes localizar aquellas cosas que das por sentadas, y comprobar con ojo crítico cuáles de ellas son ciertas y cuáles no.

Tal vez das por hecho que tus dificultades se deben a que te ha faltado tiempo, o a un compañero que no hace más que ponerte trabas.

Pregúntate si eso es realmente cierto.

 

3. ¿Cómo me hace reaccionar este pensamiento?

En esta pregunta quizá se esconda el verdadero origen de tu ansiedad.

Sucede que a veces lo único que vemos es el síntoma: la reacción o consecuencia a un problema. Pero el síntoma poco nos dice sobre el origen.

Mira en tu interior. Es posible que toda tu ansiedad por perder el trabajo tenga un motivo más profundo. Puede que el problema vaya más allá que unos simples meses duros. Puede que ya no quieras estar ahí, y tu cuerpo esté mandándote señales.

Puede que hayas entrado a ese trabajo como algo temporal, pero a causa de las circunstancias hayas tenido que quedarte más tiempo. O te acomodaste allí y ahora tienes miedo de salir a hacer lo que realmente quieres.

En consecuencia, empiezas a crear problemas. Síntomas.

Pero atacar los síntomas o intentar solucionar el problema desde la superficie es inútil. Tienes que bajar a las profundidades y arreglarlo desde allí.

 

4. ¿Cómo me sentiría sin ese pensamiento?

El último paso hacia la conciencia plena de tu problema. Puedes cerrar los ojos e imaginarte la situación, pero sin ese pensamiento rondándote la cabeza.

Tomando el mismo ejemplo, ¿De qué forma verías tu trabajo y a tus compañeros sin ese pensamiento? ¿Cómo interpretas ahora lo sucedido?

Es posible que el origen del problema sea el pensamiento en sí. Puede que no haya problema, que todo sea causado por una mala interpretación por tu parte.

 

5. Cambia tu perspectiva y vuelve a empezar

Todo este procedimiento está diseñado para liberarnos de los filtros de la mente, para que podamos enfrentar un conflicto y poder tener una visión cristalina.

Así que, si de verdad quieres llegar al origen de un problema, deberías considerar darle la vuelta completamente.

A menudo nuestro ego hace que pensemos que el problema está en el exterior, ¿Pero y si no es así?

Tal vez pienses que ese compañero que te hace la vida imposible tiene un problema contigo, pero podrías ser tú la causa del problema. Darle la vuelta a tu planteamiento y someterlo de nuevo a las 4 preguntas te obliga a salirte de tus prejuicios y te sitúa directamente en la opinión contraria.

Después de este procedimiento, tendrás un entendimiento mucho mayor de tu pensamiento. La clave no es luchar contra él, sino comprenderlo. La meditación engloba este proceso: se trata de ponernos frente a aquellas cosas que nos causan ansiedad y observarlas con ecuanimidad.

 

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Estas preguntas no te brindan una solución, querido lector. Sólo te muestran el camino.

Conocerse a uno mismo no es nada fácil, principalmente porque solemos creer que ya lo sabemos todo sobre nosotros mismos. No puedes aprender sobre algo que crees que ya conoces.

Por último, déjame advertirte: no uses este ejercicio para engañarte a ti mismo. Estas 4 preguntas no se deben usar para generar una ilusión de positivismo, intentando convencerte de que todo va bien. Sirven para que no nos torturemos por cosas que no son reales.

Si, al final, resulta que tus temores eran ciertos, tendrás la ventaja de que ahora ves el problema desde un punto de vista más amplio, no sólo desde la catástrofe. Así podrás encontrar una solución con mayor facilidad.

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